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| "No importa lo ocupado que pienses qu eestas, siempre debes encontrar un tiempo para leer, o entregarte a una ingnorancia autoelegida" - Confusio |
Una ventana a la literatura, un acercamiento a la poesía, una comprensión de las normas, una mirada al llano, Una posibilidad de aprender, un listado de tareas pendientes, esto es: FE DE ERRATAS. HORARIO DE ATENCIÓN: LUNES A VIERNES 6:00 am A 10.00 pm. SÁBADOS 9:00 am A 5:00 pm. No se cierra a la hora del almuerzo, es un espacio dedicado a los estudiantes que trabajan en el día y estudian en la noche.
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viernes, 15 de julio de 2022
LOS CAMBIANTES DESAFÍOS EN LAS BIBLIOTECAS UNIVERSITARIAS
viernes, 11 de febrero de 2022
JAIME SABINES, y los amorosos - poesía
TU NOMBRE
poema de JAIME SABINES -
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.
Entonces se enviaban suspiros en las rosas,
besos-palomas de balcón a balcón.
Pero la sucia noche revolvía alfileres,
sábanas, rezos, cruces, luto de amor.
Caras agrias, en sombra, el deseo encendió.
(Cuántos hijos tirados en paredes,
pañuelos, muslos, manos, por Dios!)
muro de agua, la angustia, se levantó.
Humo rojo en mis venas. Transfigurado cielo.
De polvo a polvo soy.
¡Qué risueño contacto el de tus ojos,
ligeros como palomas asustadas a la orilla
del agua!
!Qué rápido contacto el de tus ojos
con mi mirada!
¿Quién eres tú? !Qué importa!
A pesar de ti misma,
hay en tus ojos una breve palabra
enigmática.
No quiero saberla. Me gustas
mirándome de lado, escondida, asustada.
Así puedo pensar que huyes de algo,
de mí o de ti, de nada,
de esas tentaciones que dicen que persiguen
a la mujer casada.
Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.
LA LUNA
“La luna se puede tomar a cucharadas
O como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
Y también alivia
A los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
Es mejor amuleto que la pata de conejo:
Sirve para encontrar a quien se ama,
Para ser rico sin que lo sepa nadie
Y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
Cuando no se han dormido,
Y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
Ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
Debajo de tu almohada
Y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
Para cuando te ahogues,
Y dale la llave de la luna
A los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
Y para los condenados a vida
No hay mejor estimulante que la luna
En dosis precisas y controladas.”
El 25 de marzo de 1926 nació en la localidad de Tuxtla Gutiérrez, capital del Estado de Chiapas, un poeta que llenó estadios y coliseos cantándole al amor y a las páginas sencillas de los hombres y mujeres de su pueblo fue nombrado JAIME SABINES.
Inició sus estudios, en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, luego se traslada a Ciudad de México a estudiar de Medicina, que deja inconclusos como los estudios de literatura.
Vuelve a Chiapas en 1952; durante siete años, prueba suerte en la política, en el comercio y la literatura, fue funcionario publico y enamorado de la vida y las mujeres y su familia. El poeta que consagro sus letras a lo cotidiano del vivir.
Contemporáneo con Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Homero Aridjis y otras voces la mexicana, con su poesía se mantuvo al margen de las dinámicas literarias y culturales de su generación.
Es innegables la influencia poética de Pablo Neruda, Federico García Lorca, entre otros, en especial en su primer libro HORAL (1950).
Este es un breve recuento de toda su producción poética, de la que los amorosos, marca una diferencia sustancial en la poesía popular de América Latina. Son:
- Recuento de poemas (1962),
- La señal (1951),
- Adán y Eva (1952),
- Tarumba (1956),
- Diario, semanario y poemas en prosa (1961)
- Mal tiempo (1972),
- Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1973),
- Nuevo recuento de poemas (1977),
- Poemas sueltos (1983). Todos estos textos, así como una segunda parte de Algo sobre la muerte del mayor Sabines, fueron recogidos en la edición de 1987 de Nuevo recuento.
PREMIOS:
- Premio Xavier Villaurrutia (1972),
- Premio Elías Sourasky (1982)
- Premio Nacional de las Letras (1983)
La poesía de Jaime Sabines es directa y transparente, conversacional, un lenguaje sin adornos, contempla la vida y homenajea el absurdo de la muerte.
Adaptado de: Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Jaime Sabines». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/sabines.htm [fecha de acceso: 11 de febrero de 2022].
jueves, 16 de diciembre de 2021
DICIEMBRE y poesías para leer en voz alta
poema de Nersys Felipe
Diciembre otra vez.
Cambia el tiempo, se enfría.
Cielo claro, aire fino y yo pensando en ti desde el pinar del río.
Lo caminé tantas veces, ni una contigo, y hoy vine a escucharlo, a oler sus pinos.
Su música, la misma.
Reconozco su aroma.
Y una alfombra de agujas va formándose –crujiente, suave, parda—por si en algún
diciembre vinieras a pasear, de mi mano, a su sombra.
Enlaces para seguir a nuestra poeta:
http://cubarte.cult.cu/periodico-cubarte/nersys-felipe-y-sus-predicas-de-maravilla-y-bondad/
https://www.cuatrogatos.org/docs/articulos/articulos_05.pdf
Nersys Felipe. Autor: Kaloian Santos Cabrera Publicado: 21/09/2017 | 05:57 pm
PLAN DE VIAJE DESDE EL CORAZÓN ENAMORADO
Cumplimiento: urgente.
Quién lo mueve: la nostalgia.
Estancia: treinta días.
Salida: hoy mismo.
Arribo: también hoy.
Destino: una niña llamada Cecilia.
Travesía: por un ancho y profundo mar.
Embarcación: inaufragable.
Derrotero: recto al norte, sorteando aviesas corrientes,
y a cargo de la brújula y del bregar de a bordo,
Sapito y Sapón.
Motivos del viaje:
Verla.
Besarla.
Mirarme en sus ojos y escuchar su voz.
Darle una bandera.
Un pozuelo de torrejas.
Y en cuatro posturitas de mariposa blanca, mi alma
y la fragancia de Cuba abierta en flor.
Tomado de: https://www.juventudrebelde.cu/suplementos/el-tintero/poesia/2014-10-25/me-gustaria-ser-ahora-esa-escritora
martes, 7 de diciembre de 2021
Para cantarle al amor, unas pistas con Carlos Drummond de Andrade
No, mi corazón no es más grande que el mundo
No, mi corazón no es más grande que el mundo. Es mucho más pequeño. En él no caben ni mis dolores. Por eso me gusta tanto contarme a mí mismo por eso me desvisto, por eso me grito, por eso frecuento los diarios, me expongo crudamente en las librerías: necesito de todos. Sí, mi corazón es muy pequeño. Sólo ahora veo que en él caben los hombres. Los hombres están aquí afuera, están en la calle. La calle es enorme. Más grande, mucho más grande de lo que yo esperaba. Mas en la calle tampoco caben todos los hombres. La calle es más pequeña que el mundo. El mundo es grande. Tú sabes como es grande el mundo. Conoces los navíos que llevan petróleo y libros, carne y algodón. Viste los diferentes colores de los hombres, los diferentes dolores de los hombres, sabes cómo es difícil sufrir todo eso, amontonar todo eso en un solo pecho de hombre… sin que estalle. Cierra los ojos y olvida. Escucha el agua en los vidrios tan calmada. No anuncia nada. Sin embargo, se escurre en las manos, ¡tan calmada! va inundando todo… ¿Renacerán las ciudades sumergidas? ¿Los hombres sumergidos -volverán? Mi corazón no sabe. Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón. Sólo ahora descubro cómo es triste ignorar ciertas cosas. (En la soledad de individuo desaprendí el lenguaje con que los hombres se comunican). Otrora escuché a los ángeles, las sonatas, los poemas, las confesiones patéticas. Nunca escuché voz de gente. En verdad soy muy pobre. Otrora viajé por países imaginarios, fáciles de habitar, islas sin problemas, no obstante exhaustivas y convocando al suicidio. Mis amigos se fueron a las islas. Las islas pierden al hombre. Sin embargo algunos se salvaron y trajeron la noticia de que el mundo, el gran mundo está creciendo todos los días, entre el fuego y el amor. Entonces, mi corazón también puede crecer. Entre el amor y el fuego, entre la vida y el fuego, mi corazón crece diez metros y explota. -¡Oh vida futura! nosotros te crearemos.
deseos de volver antes a casa.
Cierta demora en abrir el paquete de libros
esperado, que ha traído el cartero.
Indecisión: ¿voy al cine o no?
De los tres empleos de tu noche no escogerás ninguno.
Quizás cierta mirada, más seria, no ardiente,
que posas sobre los objetos, y ellos la entienden.
de tu despacho. La pluma roja. Te niegas a cambiarla
por esa que guarda el último secreto químico, la tinta inmortal.
Ciertas manchas en la mesa que no sabes si el tiempo,
la madera o el polvo trajeron consigo.
La conoces bien, tu mesa. Cartas, artículos, poemas
salieron de ella, de ti. De la dura sustancia,
de la calma, de la selva abandonada llegaron
las palabras que encontraste y juntaste, para repartirlas.
la aspereza. El barniz que se fue. No. Es el árbol
que regresa. El camino que se vuelve. Minas que acecha
y espera, largamente espera tu regreso sordo.
La mesa se vuelve leve, y en ella viajas
por aires de paciencia, acuerdo, resignación.
Mirad la mesa que huye, no la toquéis. Es la mesa voladora,
de sus cajones saltan papeles oscuros, por fin los secretos liberados
sobre la tierra metálica se esparcen, se amortajan y se callan.
civil, sin sueños. Como presintiendo
que un día se vacían los cuartos, se limpian las paredes,
se detiene un camión y descienden los porteadores
y en el libro municipal se cancela un registro,
miras hondamente el borde de cada
cosa, el color
de cada lado de los objetos familiares.
La familia es pues un orden de muebles, suma
de líneas, volúmenes, superficies. Y son puertas,
llaves, platos, camas, paquetes olvidados,
también un pasillo, y el espacio
entre el armario y la pared
donde se deposita cierta porción de silencio, polillas y polvo
que de tarde en tarde se retira… e insiste.
comprender, incluso al cabo de mucho tiempo, por qué un gesto
se abrió, otro se frustró, tantos se esbozaron,
como sería imposible guardar todas las voces
oídas a la hora de comer, en la cena, en la pausa de la noche,
un año, y después otro, y otros y aún otros,
todas las voces oídas en la casa durante quince años.
Mientras tanto, deben de estar en alguna parte: se acumularon,
consumieron peldaños, invadieron tuberías,
llenaron viejos papeles, perdieron la fuerza, el calor,
existen hoy en subterráneos, unas en la memoria, otras en la arcilla del sueño.
como si nada quedase, y un río corriera
por tu casa, absorbiéndolo todo.
Las sábanas amarillean, las corbatas se desgastan,
la barba crece, cae, los dientes caen,
los brazos caen,
caen partículas de comida de un tenedor dubitativo,
las cosas caen, caen, caen,
y el cielo está limpio, pulcro.
Las personas se acuestan, son transportadas, desaparecen,
y todo está pulcro, salvo tu rostro
inclinado sobre la mesa; y del todo inmóvil.
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| Emiliano jugando a las escondidas con Guapetón |
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.
en la vida de mis retinas tan fatigadas.
Nunca me olvidaré de que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
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| Un escritor esperando a los lectores en la puerta de una biblioteca |
(en Brasil las chimeneas no son practicables)
entró cauteloso que ni marido después de la juerga.
A tientas en la oscuridad pulsó el interruptor
y la electricidad golpeó las cosas resignadas,
cosas que seguían cosas en el misterio de la Navidad.
Papá Noel exploró la cocina con ojos astutos,
encontró un queso y se lo comió.
Tuvo miedo tal vez de prender fuego a la barba postiza
(en Brasil todos los papanoeles tienen la cara afeitada)
y avanzó por el pasillo blanco de luz de luna.
Aquel cuarto es el de los niños.
Papá entró convencido.
pero sus zapatos estaban llenos de juguetes
soldados mujeres elefantes barcos
y un presidente de república de celuloide.
en el interminable pañuelo de yerbas rojo.
Cerró el fardo e hizo un nudo, pero lo apretó tanto
que allí dentro mujeres elefantes soldados presidente peleaban por causa de la aglomeración.
A lo lejos un gallo comunicó el nacimiento de Cristo.
Papá Noel volvió silenciosamente a la cocina,
apagó la luz, salió por la puerta del fondo.
Ibas en coche hacia Juiz de Fora; te habías quedado sin gasolina;
había una peluquería; un fotógrafo; una iglesia; un niño parado;
había también (entre varios) un girasol. La muchacha pasó.
Entre sus senos y el girasol tus ganas quedaron en suspenso.
ganas de hacerse una foto con aquella muchacha, de practicar lujurias, de ser infeliz y rezar;
muchas ganas; la muchacha ni lo sospechó…
Entró por la puerta de la iglesia, salió por la puerta de los sueños.
que se ha refugiado más abajo de los subterráneos.
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio porque ese no existe,
existe tan sólo el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo enorme de las regiones agrestes, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después nos moriremos de miedo
y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y miedosas.
bebemos cerveza y contemplamos el mar.
Sabemos que nada nos ocurrirá.
que trabajan en mil compartimentos iguales.
A veces, algunos se insertan fatigados en el ascensor
y vienen aquí arriba a respirar la brisa del océano,
lo cual es privilegio de los edificios.
fondeado en la bahía frente a la ciudad,
la vida sería incierta… improbable…
¡Qué cordial es la escuadra!
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| Estudiante de derecho leyéndole a la gran profesora de su vida, su hijo primogénita |
donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno.
Practicas laboriosamente lso gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
De noche, si hay neblina, abren paraguas de bronce
o se recogen a los volúmenes de siniestras bibliotecas.
y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Máquina Enorme
y vuelve a reponerte, minúsculo, frente a indescifrables palmeras.
sobre cosas del tiempo futuro y asuntos del espíritu.
La literatura estropeó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.
y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución
porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.
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| Mayerly y Edwar inaugurando el puesto de circulación y préstamo, julio 2018 |
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| Mirada de gata, fugaz y cautivadora, como la poesía |
Nota social
de
Carlos Drummond de Andrade
El poeta desciende.
El poeta toma un auto.
El poeta va para el hotel.
Y mientras hace eso
como cualquier hombre de la tierra,
una ovación lo persigue
hecha algarabía.
Banderolas
que despliegan sus alas.
Bandas de música. Cohetes.
Discursos. Gente con sombreros de paja.
Cámaras fotográficas disparadas.
Automóviles inmóviles.
Bravos...
El poeta está melancólico.
En un árbol del paseo público
(gestión de la actual administración)
árbol grueso, prisionero
de anuncios en colores,
árbol banal, árbol que nadie ve,
canta una cigarra.
Canta una cigarra que nadie oye
un himno que nadie aplaude.
Canta, bajo un sol terrible.
El poeta entra en el elevador
el poeta sube
el poeta se encierra en su cuarto.
El poeta está melancólico.
La casa fue vendida con todos los recuerdos
todos los muebles todas las pesadillas
todos los pecados que se cometieron en vida
o por cometer.
La casa fue vendida con sus golpes en la puerta
con su viento acanalado su vista del mundo
sus imponderables
por veinte, veinte contos
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| Cualquiera acera de Yopal acoge bajo la sombra con mucha frescura |
![]() | ||
| Se conversa mientras se espera... inquietan sus argumentos... ¿Qué soñarán, Dios mío?
|
![]() |
| Cuando un lector espera, ¡se desespera! |
![]() |
| Los intentos de una sala de estudio... |
De todo quedó un poco.
De mi miedo. De tu asco.
De los gritos entrecortados. De la rosa
quedó un poco.
Quedó un poco de luz
atrapada en el sombrero.
En los ojos del rufián
de ternura quedó un poco
(muy poco).
Poco quedó de este polvo
del que se cubrió
tu zapato blanco. Quedaron pocas
ropas, pocos velos rotos
poco, poco, muy poco.
Pero de todo queda un poco.
Del puente bombardeado,
de dos hojas de hierba,
del atado
—vacío— de cigarros quedó un poco.
Porque de todo queda un poco.
Queda un poco de tu mentón
en el mentón de tu hija.
De tu áspero silencio
un poco quedó, un poco
en los muros enojados,
en las hojas, mudas, que suben.
Quedó un poco de todo
en el plato de porcelana,
dragón partido, flor blanca,
quedó un poco
de surco en tu frente,
retrato.
Si de todo queda un poco,
¿por qué no iba a quedar
un poco de mí? ¿en el tren
que lleva al norte, en el barco,
en los avisos del diario,
un poco de mí en Londres,
un poco de mí en todas partes?
¿En la consonante?
¿En el pozo?
Un poco queda oscilando
en la embocadura de los ríos
y los peces no lo evitan,
un poco: no está en los libros.
De todo queda un poco.
No mucho: de una canilla
cae esta gota absurda,
mitad sal, mitad alcohol,
salta esta pata de rana,
este vidrio de reloj
partido en mil esperanzas,
este cuello de cisne,
este secreto infantil…
De todo quedó un poco:
de mí; de vos; de Abelardo.
Pelo en mi manga,
de todo quedó un poco;
viento en mis orejas,
simple eructo, gemido
de víscera desconforme,
y minúsculos artefactos:
campanilla, alvéolo, cápsula
de revólver…de aspirina.
De todo quedó un poco.
Y de todo queda un poco.
Oh abrí los frascos de loción
y sofocá
el hedor insoportable de la memoria.
Pero de todo, qué terrible, queda un poco,
y bajo las olas ritmadas
y bajo las nubes y los vientos
y bajo los puentes y bajo los túneles
y bajo las llamaradas y bajo el sarcasmo
y bajo el gargajo y bajo el vómito
y bajo el sollozo, la cárcel, lo olvidado
y bajo los espectáculos y bajo la muerte escarlata
y bajo las bibliotecas, los asilos, las iglesias triunfantes
y debajo tuyo y bajo tus pies ya duros
y bajo los goznes de la familia y de la clase,
queda siempre un poco de todo.
A veces un botón. A veces un ratón.
Registro civil
























