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Poéticas... y otra antología inconclusa

miércoles, 17 de octubre de 2018




CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD UNITROPISTA

SOBRE

EL CUIDADO COMO RESPONSABILIDAD DE TODOS



Para responder a una queja sobre la presencia del perro en la biblioteca universidad Unitrópico y, dado que la queja es anónima, la mejor forma de responderla es con una carta abierta a toda la comunidad académica cuyo tema central sea una convocatoria sobre el cuidado como responsabilidad común a todos los que convivimos en este espacio, donde pasamos muchas horas de nuestras vidas y donde nos estamos preparando para ser las personas responsables de un mejor futuro, es decir, profesionalizarnos.  Estudiamos para armonizar unos escenarios reales donde aportemos lo mejor que somos y en cosecha de cada uno. Es un acierto que la bioética sea una reflexión transversal a nuestras prácticas académicas. Por lo tanto, es una responsabilidad de todos que diseñemos y apliquemos unas buenas prácticas de convivencia con los otros seres vivos que rompen la rutina con su sola presencia: las mascotas.
 
GUAPETÓN no es de nadie y es de todos. El equipo de trabajo de la biblioteca lo cuida y lo protege porque el perro decidió seguirlos, por motivos que solo el perro sabe y que no explica aún. El asunto no requiere muchas explicaciones, siempre que estas se conviertan en reales prácticas de cuidado. Si bien las bibliotecas están pensadas para leer y escribir, jugar ajedrez y aprender técnicas de estudio y concentración; también están pensadas para aprender a cuidarnos entre todos. Al perro se le asiste con cuidados veterinarios básicos para el cuidado de su salud. Observa hábitos de limpieza pues nunca realiza sus necesidades fisiológicas en recintos cerrados. Es muy velón, propio de su raza y especie. Es juguetón y cómo observa un estudiante de ingeniería civil y natural de Maní, es “necesario reprenderlo y corregirlo cuando en sus juegos se excede”. Al escuchar sus palabras comprendí que el asunto hay que enfocarlo en aprender a cuidarlos y de paso, aprender a cuidarnos entre todos. Una reflexión ética muy actual se sustenta en las palabras del Papa Francisco: "...el ser humano todavía es capaz de intervenir positivamente. Como ha sido creado para amar, en medio de sus límites brotan inevitablemente gestos de generosidad, solidaridad y cuidado". (Laudato Si, 2015, 58).
 
Desde una mirada folclórica vemos a Guapetón como la mascota de la Universidad. Con buenas prácticas hacia las mascotas convivimos y conviviremos mejor y hacemos posible un ambiente cotidiano donde vayamos de los discursos a los hechos. Hay coherencia profesional entre lo que pensamos y hacemos cuando comprendemos que todos somos responsables de todos. Pero no podemos esperar que los animales asuman actitudes responsables que no asumimos los humanos. Si vemos a Guapetón como la mascota, lo cuidamos entre todos y, si lo vemos como una amenaza, desde el equipo de la biblioteca acogemos la decisión responsable que entre todos con él se asuma. Sumemos esfuerzos. Desde la facultad de Ciencias Naturales y Agropecuarias, contamos con un programa de Medicina Veterinaria, con un óptimo equipo profesional y humano que nos puede ilustrar y orientar esas buenas prácticas de convivencia con los mascotas, por lo tanto esta propuesta es atinada y justa y, merece que cada uno de los miembros de la comunidad académica de Unitrópico pensemos con responsabilidad cómo afrontar la suerte de los animales callejeros que llegan a la ciudadela universitaria y, de paso, evitemos que el fenómeno de Guapetón se multiplique.

Buenas prácticas de convivencia con las mascotas, por ejemplo, pueden ser: no le busque juego al perro sino está dispuesto a jugar siempre con él. No le dé comida nunca sino no está dispuesto a compartirla con él siempre. Ellas, las mascotas como nosotros también tienen sus días de gracia. Poco o nada entienden de días grises. Tenga presente, GUAPETÓN nos escogió como hogar, somos su familia. Coloca una impronta indiscutible como para pensar en abandonarlo, amarrarlo o desconocerlo. Comenzamos a compartir responsabilidades comprendiendo su presencia.

Mil gracias por leer este comunicado y difundirlo. Después de leerlo, compártalo con otros y esperamos sus aportes a través del buzón de sugerencias. Se reciben comunicados anónimos. El asunto de todos eclipsa protagonismos.

Atentamente,

Luis Emiro Álvarez
Bibliotecólogo UdeA – T.P. 670 CNB

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miércoles, 26 de septiembre de 2018


de
Carlos drummond de Andrade 

Tal vez una sensibilidad mayor al frío,
deseos de volver antes a casa.
Cierta demora en abrir el paquete de libros
esperado, que ha traído el cartero.
Indecisión: ¿voy al cine o no?
De los tres empleos de tu noche no escogerás ninguno.
Quizás cierta mirada, más seria, no ardiente,
que posas sobre los objetos, y ellos la entienden.
O al menos supones que es así. Son fieles, los objetos
de tu despacho. La pluma roja. Te niegas a cambiarla
por esa que guarda el último secreto químico, la tinta inmortal.
Ciertas manchas en la mesa que no sabes si el tiempo,
la madera o el polvo trajeron consigo.
La conoces bien, tu mesa. Cartas, artículos, poemas
salieron de ella, de ti. De la dura sustancia,
de la calma, de la selva abandonada llegaron
las palabras que encontraste y juntaste, para repartirlas.
La mano acaricia
la aspereza. El barniz que se fue. No. Es el árbol
que regresa. El camino que se vuelve. Minas que acecha
y espera, largamente espera tu regreso sordo.
La mesa se vuelve leve, y en ella viajas
por aires de paciencia, acuerdo, resignación.
Mirad la mesa que huye, no la toquéis. Es la mesa voladora,
de sus cajones saltan papeles oscuros, por fin los secretos liberados
sobre la tierra metálica se esparcen, se amortajan y se callan.
De nuevo aquí, menudo territorio
civil, sin sueños. Como presintiendo
que un día se vacían los cuartos, se limpian las paredes,
se detiene un camión y descienden los porteadores
y en el libro municipal se cancela un registro,
miras hondamente el borde de cada
cosa, el color
de cada lado de los objetos familiares.
La familia es pues un orden de muebles, suma
de líneas, volúmenes, superficies. Y son puertas,
llaves, platos, camas, paquetes olvidados,
también un pasillo, y el espacio
entre el armario y la pared
donde se deposita cierta porción de silencio, polillas y polvo
que de tarde en tarde se retira… e insiste.
Desde luego faltan muchas explicaciones, sería difícil
comprender, incluso al cabo de mucho tiempo, por qué un gesto
se abrió, otro se frustró, tantos se esbozaron,
como sería imposible guardar todas las voces
oídas a la hora de comer, en la cena, en la pausa de la noche,
un año, y después otro, y otros y aún otros,
todas las voces oídas en la casa durante quince años.
Mientras tanto, deben de estar en alguna parte: se acumularon,
consumieron peldaños, invadieron tuberías,
llenaron viejos papeles, perdieron la fuerza, el calor,
existen hoy en subterráneos, unas en la memoria, otras en la arcilla del sueño.
¿Cómo saberlo? Al principio parece desierto,
como si nada quedase, y un río corriera
por tu casa, absorbiéndolo todo.
Las sábanas amarillean, las corbatas se desgastan,
la barba crece, cae, los dientes caen,
los brazos caen,
caen partículas de comida de un tenedor dubitativo,
las cosas caen, caen, caen,
y el cielo está limpio, pulcro.
Las personas se acuestan, son transportadas, desaparecen,
y todo está pulcro, salvo tu rostro
inclinado sobre la mesa; y del todo inmóvil.









En medio del camino 
de Carlos Drummond de Andrade

En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.
Nunca me olvidaré de ese acontecimiento
en la vida de mis retinas tan fatigadas.
Nunca me olvidaré de que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
en medio del camino había una piedra.

Papá Noel al revés 
de
Carlos Drummond de Andrade


Papá Noel entró por la puerta del fondo
(en Brasil las chimeneas no son practicables)
entró cauteloso que ni marido después de la juerga.
A tientas en la oscuridad pulsó el interruptor
y la electricidad golpeó las cosas resignadas,
cosas que seguían cosas en el misterio de la Navidad.
Papá Noel exploró la cocina con ojos astutos,
encontró un queso y se lo comió.
Después sacó del bolsillo un cigarro que no quiso encender.
Tuvo miedo tal vez de prender fuego a la barba postiza
(en Brasil todos los papanoeles tienen la cara afeitada)
y avanzó por el pasillo blanco de luz de luna.
Aquel cuarto es el de los niños.
Papá entró convencido.
Los niños dormían soñando con otras navidades mucho más hermosas
pero sus zapatos estaban llenos de juguetes
soldados mujeres elefantes barcos
y un presidente de república de celuloide.
Papá Noel se agachó y recogió todo aquello
en el interminable pañuelo de yerbas rojo.
Cerró el fardo e hizo un nudo, pero lo apretó tanto
que allí dentro mujeres elefantes soldados presidente peleaban por causa de la aglomeración.
Los pequeños seguían durmiendo.
A lo lejos un gallo comunicó el nacimiento de Cristo.
Papá Noel volvió silenciosamente a la cocina,
apagó la luz, salió por la puerta del fondo.
En el huerto, la luz de luna de Navidad bendecía las legumbres.

Girasol de 
Carlos Drummond de Andrade

Aquel girasol en el jardín público de Palmira.
Ibas en coche hacia Juiz de Fora; te habías quedado sin gasolina;
había una peluquería; un fotógrafo; una iglesia; un niño parado;
había también (entre varios) un girasol. La muchacha pasó.
Entre sus senos y el girasol tus ganas quedaron en suspenso.
Ganas muchachas de volar, de amar, de ser feliz, de viajar, de casarse, de tener muchos hijos;
ganas de hacerse una foto con aquella muchacha, de practicar lujurias, de ser infeliz y rezar;
muchas ganas; la muchacha ni lo sospechó…
Entró por la puerta de la iglesia, salió por la puerta de los sueños.
El girasol, estúpido, siguió funcionando.



Congreso internacional del miedo 
de 
Carlos Drummond de Andrade

Provisionalmente no cantaremos al amor,
que se ha refugiado más abajo de los subterráneos.
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio porque ese no existe,
existe tan sólo el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo enorme de las regiones agrestes, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después nos moriremos de miedo
y sobre nuestas tumbas nacerán flores amarillas y miedosas.

Privilegio del mar 
En esta terraza mediocremente confortable,
bebemos cerveza y contemplamos el mar.
Sabemos que nada nos ocurrirá.
El edificio es sólido y el mundo también.
Sabemos que cada edificio abriga mil cuerpos
que trabajan en mil compartimentos iguales.
A veces, algunos se insertan fatigados en el ascensor
y vienen aquí arriba a respirar la brisa del océano,
lo cual es privilegio de los edificios.
El mundo es realmente de cemento armado.
Ciertamente, si hubiera un crucero loco,
fondeado en la bahía frente a la ciudad,
la vida sería incierta… improbable…
Pero en las aguas tranquilas sólo hay marineros fieles.
¡Qué cordial es la escuadra!
Podemos beber honradamente nuestra cerveza.






Elegía 1938
de
Carlos Drummond de Andrade

Trabajas sin alegría para un mundo caduco,
donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno.
Practicas laboriosamente lso gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.
Héroes llenan los parques de la ciudad por la que te arrastras,
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
De noche, si hay neblina, abren paraguas de bronce
o se recogen a los volúmenes de siniestras bibliotecas.
Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra
y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Máquina Enorme
y vuelve a reponerte, minúsculo, frente a indescifrables palmeras.
Caminas entre muertos y con ellos conversas
sobre cosas del tiempo futuro y asuntos del espíritu.
La literatura estropeó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.
Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar tu derrota
y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución
porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.





Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, 1902-Rio de Janeiro, 1987)
es considerado de forma casi unánime el poeta brasileño más importante del siglo XX,
cabeza visible de la segunda generación del Modernismo de su país. 
Impulsó definitivamente el uso del verso libre y los temas provenientes de la cotidianidad 
y la biografía. He aquí algunos de sus poemas más celebrados, espigados de entre
una obra  casi inabarcable:  páginas originales, humorísticas y tiernas.


Nota social de
Carlos Drummond de Andrade

El poeta llega a la estación.
El poeta desciende.
El poeta toma un auto.
El poeta va para el hotel.
Y mientras hace eso
como cualquier hombre de la tierra,
una ovación lo persigue
hecha algarabía.
Banderolas
que despliegan sus alas.
Bandas de música. Cohetes.
Discursos. Gente con sombreros de paja.
Cámaras fotográficas disparadas.
Automóviles inmóviles.
Bravos...
El poeta está melancólico.

En un árbol del paseo público
(gestión de la actual administración)
árbol grueso, prisionero
de anuncios en colores,
árbol banal, árbol que nadie ve,
canta una cigarra.
Canta una cigarra que nadie oye
un himno que nadie aplaude.
Canta, bajo un sol terrible.
El poeta entra en el elevador
el poeta sube
el poeta se encierra en su cuarto.

El poeta está melancólico.





LIQUIDACIÓN
de Carlos Drummond de Andrade

La casa fue vendida con todos los recuerdos
todos los muebles todas las pesadillas
todos los pecados que se cometieron en vida
o por cometer.
La casa fue vendida con sus golpes en la puerta
con su viento acanalado su vista del mundo
sus imponderables
por veinte, veinte contos



ANIVERSARIO 

¿Un verso para salvarte
del olvido sobre la tierra?
Si es en mí que estás olvidada,
el verso recordaría apenas
esta fuerza de olvido,
mientras la vida, sin memoria,
vaga atmósfera, se condensa
en la pequeña caja donde vives
como los muertos saben vivir.










Residuo

De todo quedó un poco.
De mi miedo. De tu asco.
De los gritos entrecortados. De la rosa
quedó un poco.

Quedó un poco de luz

atrapada en el sombrero.
En los ojos del rufián
de ternura quedó un poco
(muy poco).

Poco quedó de este polvo 

del que se cubrió 
tu zapato blanco. Quedaron pocas 
ropas, pocos velos rotos
poco, poco, muy poco.

Pero de todo queda un poco.

Del puente bombardeado,
de dos hojas de hierba,
del atado
—vacío— de cigarros quedó un poco.

Porque de todo queda un poco.

Queda un poco de tu mentón 
en el mentón de tu hija.
De tu áspero silencio
un poco quedó, un poco
en los muros enojados,
en las hojas, mudas, que suben.

Quedó un poco de todo

en el plato de porcelana,
dragón partido, flor blanca,
quedó un poco
de surco en tu frente,
retrato.

Si de todo queda un poco,

¿por qué no iba a quedar
un poco de mí? ¿en el tren
que lleva al norte, en el barco,
en los avisos del diario,
un poco de mí en Londres,
un poco de mí en todas partes?
¿En la consonante?
¿En el pozo?

Un poco queda oscilando

en la embocadura de los ríos
y los peces no lo evitan,
un poco: no está en los libros.

De todo queda un poco.

No mucho: de una canilla
cae esta gota absurda,
mitad sal, mitad alcohol,
salta esta pata de rana,
este vidrio de reloj
partido en mil esperanzas,
este cuello de cisne,
este secreto infantil…
De todo quedó un poco:
de mí; de vos; de Abelardo.
Pelo en mi manga,
de todo quedó un poco;
viento en mis orejas,
simple eructo, gemido
de víscera desconforme,
y minúsculos artefactos:
campanilla, alvéolo, cápsula
de revólver…de aspirina.
De todo quedó un poco.

Y de todo queda un poco.

Oh abrí los frascos de loción
y sofocá
el hedor insoportable de la memoria.

Pero de todo, qué terrible, queda un poco,

y bajo las olas ritmadas
y bajo las nubes y los vientos
y bajo los puentes y bajo los túneles
y bajo las llamaradas y bajo el sarcasmo
y bajo el gargajo y bajo el vómito
y bajo el sollozo, la cárcel, lo olvidado
y bajo los espectáculos y bajo la muerte escarlata
y bajo las bibliotecas, los asilos, las iglesias triunfantes
y debajo tuyo y bajo tus pies ya duros
y bajo los goznes de la familia y de la clase,
queda siempre un poco de todo.
A veces un botón. A veces un ratón.



Registro civil

Ella juntaba margaritas
cuando pasé. Las margaritas eran
los corazones de sus enamorados,
que después se transformaban en ostras
que ella engullía en grupos de diez.

Los teléfonos gritaban Dulce,
Rosa, Leonora, Carmen, Beatriz.
Pero Dulce había muerto
y las demás se bañaban en Ostende
bajo un sol neutro.

Las ciudades perdían los nombres
que un funcionario con un pájaro al hombro
iba guardando en un libro de versos.
En la última de ellas, Sodoma,
quedaba encendida una luz 
que un ángel sopló.
Y en la tierra
yo sólo oía el rumor
blando de las ostras que se deslizaban
por la garganta implacable.


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Lola Ramírez, sobrina de Camilo José Cela, publica en Bubok la biografía  del afamado escritor en la que descubriremos “el lado más sentimental  y entrañable del escritor”  y en la que rescata la figura de Charo Conde Picavea, el gran amor Cela. Sabe que puede haber personas a las que no les guste la publicación de este libro pero afirma que “es algo inevitable”.

 ¿Qué se van a encontrar los lectores en Mi relativo tío Camilo José Cela?
Van a descubrir el lado más sentimental y entrañable del escritor. Cela en la distancia corta era un hombre encantador, afectuoso, divertido y muy diferente al personaje público que él mismo creó. Van a encontrar también al Camilo veinteañero y apasionadamente enamorado de su novia, Charo Conde y encontrarán también testimonios inéditos de este amor, como las cartas que le escribió a ella desde la casa de nuestros tíos en La Coruña.
En este libro descubres cómo era realmente tu tío ¿Qué crees que es lo que más le va a sorprender al público?
Esa es una pregunta difícil de responder porque depende mucho de cada lector. Yo empecé a gestar este libro hace diez años. Me encerré quince días en la Fundación Camilo José Cela, en Iria Flavia (La Coruña) y me sorprendieron muchas cosas, casi todas relacionadas con esa sensibilidad oculta que tenía y que era un rasgo desconocido de su personalidad. Eso de que bromeara públicamente acerca de los motivos que le llevaron a casarse con Charo Conde y, al mismo tiempo le escribiera cartas a ella diciéndole que estaba loco por casarse y por hacerla feliz es muy contradictorio y sorprendente.
¿Qué destacarías de Mi relativo tío Camilo José Cela?
Un poco lo mismo que te he contestado en las otras preguntas: La posibilidad de desconocer una cara oculta, íntima e inédita de un genio de la literatura.
¿Crees que puede haber personas a las que les moleste que publiques este libro?
Si. Y lo siento, pero supongo que es inevitable. A la hora de escribir me he esforzado tanto por ser respetuosa como por ser sincera. Ésta es una combinación difícil. Lo que no tiene sentido es escribir un libro para que le guste a todo el mundo.
¿Hay similitudes entre la forma de escribir de tu tío y la tuya?
Ya quisiera. No me importaría nada tener la habilidad de un premio Nobel a la hora de escribir, pero me parece que me quedan muchas horas de vuelo para tener una prosa como la de Cela.
¿Qué consejos crees que le daría Camilo José Cela a un autor que está comenzando?
Que sea perseverante, que trabaje mucho, que escriba una y otra vez, que revise sus textos y que tenga claro que la musa de la inspiración sólo te hace la corte a través del trabajo.
¿De todas las grandes obras que escribió tu tío, ¿Cuál era tu favorita?
Eran dos: La Rosa y Memorias, entendimientos y voluntades. Son obras autobiográficas, muy bien escritas, por supuesto, pero además divertidas y entrañables. Aunque son libros en los que habla de él y de su familia, son pura literatura. Camilo era un auténtico fabulador y llevaba esa faceta no sólo a su literatura sino a su vida privada.
¿Qué rutina llevaba Camilo José Cela cuando estaba escribiendo?
Escribía a mano con una estilográfica y utilizaba unos cuadernillos cuadriculados, que llenaba de correcciones y tachaduras. Después le daba las libretas a Charo y ésta con una inmensa paciencia pasaba los textos a máquina, para que después su célebre marido volviera a leerlos, corregirlos y rehacerlos. La gente que vaya a visitar la Fundación Camilo José Cela, puede ver estos cuadernos y son muy curiosos. Por ejemplo, en el de Viaje a la Alcarria, tenía también algunas flores silvestres que iba recogiendo en el camino y que las pegaba luego en sus cuadernos.
¿Por qué elegiste Bubok para publicar  "Mi relativo tío Camilo José Cela"?
Publicar en una editorial convencional no es nada fácil y, sobre todo es un proceso muy lento y de mucho trabajo. La crisis tampoco ayuda, ya que para que una editorial apueste por un autor tiene que tener muy claro que los resultados van a ser buenos. Entré en Internet, busqué alternativas a la edición tradicional y descubrí la impresión bajo demanda. Me pareció una opción interesante y Bubok fue la editorial que me ofreció más credibilidad. Por otra parte me gusta el poder intervenir de forma totalmente libre y autónoma en el proceso de elaboración del libro, desde lo que escribes hasta como lo maquetas y cómo diseñas la portada. Al final el libro es como un hijo tuyo; lo engendras, lo pares y lo llevas de la mano por el mundo adelante. Y eso me encanta.
¿Qué esperas conseguir publicando este libro?
Espero que se sepa cómo era el hombre que había detrás del personaje de Camilo José Cela. Y espero rescatar la figura de Charo Conde Picavea, de ese papel de víctima y mujer abandonada que le regaló su marido en los últimos años de su vida. Cela estuvo muy enamorado de Charo y se casó con ella porque eso era lo que más deseaba en aquellos momentos. Cuarenta y tantos años después la iglesia católica anuló su matrimonio, pero lo que no puede anular ni la iglesia ni nadie es un amor que existió y del que dan fe las cartas que Cela le escribió a su primera mujer.
 Tomado de:
 https://www.bubok.es/blog/mi-relativo-tio-camilo-jose-cela-la-biografia-mas-intima-del-premio-nobel-en-bubok/
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Premio Nobel literatura de 1989: Camilo José Cela (1916- 2002)

El español Camilo José Cela obtuvo el premio Nobel de literatura con 73 años de edad en 1989. Fue conocido por cultivar una gran variedad de géneros literarios durante su vida como fue el caso del cuento, la novela, poemas, ensayos, artículos, libros de viaje.
Camilo José Cela
La novela que le llevó a la fama fue La familia de Pascual Duarte de 1942, mientras que otras de sus novelas de relevancia fueron La colmena en 1951, La catira. Historias de Venezuela en 1955 (ganó el Premio de la Crítica), Mazurca para dos muertos en 1983 (ganó el Premio Nacional de Narrativa) y La cruz de San Andrés en 1994 (ganó el Premio Planeta).
También fue uno de los escritores más reconocidos por España en los últimos años, debido a que obtuvo muchos reconocimientos como el Premio de la Crítica en 1956, el Nacional de narrativa en 1984, el Príncipe de Asturias de las Letras en 1987, el Mariano de Cavia de Periodismo en 1992, el Planeta en 1994 y el Cervantes en 1995.
Incluso en 1996 el rey Juan Carlos I le otorgó el marquesado de Iria Flavia. También durante el año 2000 colocó la primera piedra en compañía de Felipe Segovia Olmo de la Universidad Camilo José Cela.
Tomado de: https://librosdeensueno.com/premios-nobel-de-literatura-espanoles/
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lunes, 24 de septiembre de 2018





Leider Giovanni Torres Lujan,
 estudia economía y le guiña el ojo a la poesía...


ANTES DE LA 1 AM

Fue desde un tiempo lejano que nos acordamos de escribir
Fue cuando las noches se convirtieron en nuestro más cercano vivir.
Solemos encontrarnos en un lugar, no tan claro, pero es nuestro lugar.
Desde entonces habitas como luciérnaga, una que brilla mis noches con cautela
Prevalecemos por darle celos, al insomnio que cree que no nos deja dormir,
Se equivoca cuando lo piensa, lo desea, lo añora, pero la magia lo hace sufrir;
Magia no es hacer encantos, porque para el encanto, nada más hablo de ti.
Antes de la 1am, solía estar aquí, pero sin ti
La noche y la madrugada, conocieron aquellos infraganti
Que quisieron cometer de imprevisto, un imprescindible delito;
La noche y la madrugada, dos entes casi guardianes
Aprisionaron sin compasión, a aquellas almas en resguardo del amor.
La mañana se acerca, y la aurora hace presencia,
Nos miramos calladamente, conociendo nuestro porvenir
Los días transcurren, golpeándonos con gallardía,
La tarde es cálida y prolongada, pero suave si desvanece al fin,
La noche claramente, anuncia su llegada,
De la mano con ella trayendo la luna,
Y dos prisioneros antes de la una.


TRAVESÍA DE UN SUEÑO


En el porvenir de mis días,
Busco el nuevo impulso de vivir
Si me encontrara con el elixir de la vida eterna
Pasaría el tiempo viajando, por los lugares más desconocidos
Destinado a perderme por sobre cada uno de los meridianos
Por cada carretera, por cada relieve de pastizal y piedras,
Me alejaría por cada costa, por cada mar,
Sintiendo la humedad, el viento con aroma natural,
Con olor a selva, con fragancia a madera,
De cedro del pacífico, de pino alto, de fuerte roble ibérico.
Sentir en la piel y los cabellos adheridos a ella,
El arisco viento de Australia, o al suroeste de Norteamérica,
Llamando ansiosamente, posibilidades naturales de huir
Desde el majestuoso vórtice de un tornado, y salir despedido hacia las nubes
Piruetear sobre ellas como en majo algodón, ser parte de ellas, cálido y calmado,
Luego exasperarme y emerger el lado negativo,
Resonar con gotas, y darle paso a una tempestad,
Lluvia quiero, ¡sí quiero!
 Perderme en el oscuro misterio, de un triángulo de bermudas,
Y encontrarme luego, volando entre los más hermosos,
Coloridos hilos, de un pasadizo convexo,
O a veces de inusuales formas, que la naturaleza solo puede crear.
En el final de su recorrido, sumergirme en lo más hondo, del reflejo del cielo,
Tal vez en Bora Bora, siquiera en Providencia,
Puede ser en Margarita, incluso en Madeira,
O en su defecto y su acompañamiento…
Sumergirlos en mis sueños, y alguna vez hacerlos.


LA CASUALIDAD MÁS BONITA


Despertamos todos los días con la esperanza de encontrar algo bueno, lo que sea,
Nos levantamos, nos preparamos, y salimos a recorrer las calles
Somos aventureros cuando algo es desconocido, y sobre todo cuando nos atrae,
Sin saber cómo es, ni cómo llegó, ni por qué llegó, seguimos sintiéndonos curiosos.
Te miré la primera vez, y simplemente vi algo lindo,
Te miré por más de una vez, y ésta vez vi alguien diferente, alguien sin maldad.
Eso para mí, es lo que significa encontrar algo bueno,
Es decir, lo que a cualquier persona le gustaría encontrarse a diario.


SEAMOS UNO
Sé que cuando una mirada choca contra otra, existe la probabilidad de ser uno entre dos.
Cuando existe tanta incertidumbre por conocer nuestro contrapunto elemental,
El corazón hace maletas y se marcha, y advierte que volverá cuando la mente tome cabeza.
La mente no cree que ahora permanece sola, y en efecto si lo está,
Su terquedad le ha creado locura, y se inunda en mentiras y propósitos vanos,
Se jacta de su sapiencia, y jura encontrar razón donde no la hay.
Emula todo sentido placentero, y alimenta su ego con erotismo,
Se pierde y desvanece en innumerables prototipos, copias baratas que aparentan satisfacerle,
Desconocidas piezas utiliza y no encajan, se encuentra allanado entre sombras,
El lúgubre pasillo que ha creado, lo consuela con amargos tragos,
La mente naufraga dentro de esa isla inerte, de la cual espera ser salvado.

 
  
TU SI, TU NO


Me sorprendo del mundo a cada instante
Es un devenir de fenómenos inimaginables
Todo pasa siendo único e irrepetible
Algo así similar a la belleza
Esa que los filósofos estudian
Esa misma que ha generado pobreza.



TAN ROSA



A diario encuentro desazón,
En la carretera de la vida observo lo mismo,
Algo como: - Esa flor ya la vi, ésa la vi hace un mes.
Todo es tan repetido, que el color se ha vuelto gris.
Pero entonces de repente me detengo y pienso ¡que rayos!
Ves un campo tan escaso de flora, es inerte, es pura sequía
¿Quién espera que exista encanto en donde todo parece haber muerto?
Entonces de nuevo freno y pienso: ¡Oh vaya! Es definitivo.
Emerge de lo impensable, como flor única de pétalos eróticos,
De colores hermosos, de tallo formidable,
Como describir algo que te cega, de tanto esplendor y viveza,
Aun así intento dar respuesta, a cada aspecto, cada rasgo estético y sensual,
Que incita el placer, incita lo divino, el cielo e infierno en uno mismo,
Conocerte el cielo, el infierno tus labios,
Es cierto, me declaro cuando pienso y escribo,
Y si esto escribo, es porque en ti pienso.
He visto tantas cosas, y luego a ti, entre hermosas cosas.






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