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sábado, 5 de marzo de 2016

De las huellas de la historia del Casanare - enlaces claves (1)

La accidentada historia de Cusiana: Recuento de sus fundaciones, terrenos y litigios.

Por: Pulecio, Gabriel



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General Jorge Martínez Landínez.

  


Cuando la expedición del capitán Gonzalo Jiménez de Quesada remontaba las aguas del Río Grande de la Magdalena, en los primeros días de 1536, al llegar al sitio de La Tora, a corta distancia de un lugar que denominó Barrancas Bermejas, halló una fuente de betún hirviente que corría fuera de la tierra y que los indios utilizaban con fines medicinales. La bautizó con el nombre de Infantas, en homenaje a las princesas de la casa real de España, y continuó su camino sin saber que allí se ocultaba el petróleo, el oro negro del futuro.
Lograda la gesta fundacional del Nuevo Reino de Granada con la capitalidad de Santafé, Jiménez de Quesada regresa a España en 1539 haciendo ostentación de los doblones obtenidos en el Nuevo Mundo. El lujo y derroche pronto lo conducen a la quiebra. Sumido en la pobreza permanece en Madrid moviendo cuanto halla a su alcance para obtener de la corte del emperador Carlos V una nueva misión. Finalmente en 1551 regresa a Santafé, después de doce años de ausencia, y dispone nuevas campañas, deshaciendo el camino que hiciera Federmán desde el puerto de Coro atravesando los Llanos Orientales hasta Santafé.
En 1555 Juan de Avellaneda funda San Juan de los Llanos, y regresa a Santafé después de una primera expedición en busca de minas. En 1558 Juan Rodríguez Suárez funda la Villa de San Cristóbal, en el valle de Santiago. Los hombres de Quesada fundan San Bartolomé, Arcabuco, La Grita y Mérida, y más tarde el capitán Maldonado puebla la Villa de San Cristóbal. En el mismo año de 1558 el capitán Lanchero pacifica a los muzos y reparte sus tierras entre los conquistadores, y como algunos resultan agraviados, la Real Audiencia envía a Lope de Orozco para que haga la partición. En este lapso encuentran esmeraldas, y la Corona concede la propiedad sobre minerales, aves, árboles y animales, tal como lo relata fray Pedro Simón. Se ha iniciado la jornada de El Dorado.
Trece años más tarde, en 1571, llega a Tunja un contingente de soldados desgaritados de los capitanes Serpa y Silva. Ante el temor de conspiración, Jiménez logra de la Real Audiencia de Santafé el título de Adelantado que le permite disponer nuevas jornadas. En 1575, el capitán Cáceres hace la repoblación de La Grita. Al año siguiente muere Jiménez de Quesada. Con el contingente del capitán Cáceres iba el tunjano Pedro Daza, quien en La Grita es comisionado para pacificar las provincias de los indios cusianas y ajaguas. En el año de 1588 funda Santiago de las Atalayas, de la cual será gobernador hasta 1591, cuando fue muerto por los indios cusianas que se habían sublevado, arrasando con cuanto ganado mayor y menor encontraron a su paso, y finalmente prendiendo fuego a la ciudad. Recibida en Tunja la noticia, se envió a Alonso Carrillo para que diera castigo a los indios y reedificara la ciudad, poblándola con los vecinos de Medina de Torres, ciudad que se había fundado recientemente a pocas leguas de allí.
El 20 de marzo de 1759, el gobernador de los Llanos Andrés Verdugo y Oquendo, oidor decano de Su Majestad Carlos III, visitador general de los partidos de Tunja y Vélez, a instancias del cura de Firavitoba Marcelino Rangel, informó que en el resguardo de Santiago de las Atalayas no había sino unos pocos vecinos incapaces de beneficiar las tierras y era poco el provecho que la Real Hacienda podía sacar de ellas, y por lo tanto ordenó sacarlas a remate previa inspección ocular y determinación de su medida y demarcación. Practicadas las diligencias, los peritos las avaluaron y fijaron los linderos en 782 hectáreas. El 27 de diciembre de ese mismo año, ante la Real Audiencia de Santafé, fue adjudicado el predio al mejor postor, señor Domingo Ortiz.


 
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Firma del Virrey José Solís en la compra de Cusiana
por Domingo Ortiz, diciembre 17 de 1759

 
 
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Venta de derechos y acciones de Cusiana
a Vicente Clodoveo Barrera, agosto 11 de 1899.

 
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Denuncio de bienes y derechos sobre Cusiana por Vicente Clodoveo Barrera,
Orocué, febrero 23 de 1901

 


Posteriormente, por sucesivas herencias, la propiedad pasó a Julián Jiménez Ortiz y de éste a Nicolás Díaz Rueda, a cuya muerte se adjudicó a sus hijas Ignacia de los Dolores y María Dionisia Díaz Lesmes, quienes vendieron sus derechos de dominio a Vicente Clodoveo Barrera, por medio de escritura pública del 11 de agosto de 1899 en la Notaría Segunda de Bogotá. En esta última transacción se alteraron los linderos del predio, convirtiendo las 782 hectáreas en más de 420 mil. Las falsificaciones se produjeron igualmente en posteriores escrituras de los años 1901, 1904, 1907 y 1917.
En el año de 1905 se constituyó la Sociedad Barrera & Neira, con aportaciones de las cuotas o derechos que los socios tenían sobre el latifundio total. El 28 de junio de 1907, a petición de la Sociedad Barrera & Neira, la Nación con fundamento en el Código Fiscal (ley 106 de 1873) y basada en títulos de propiedad y pruebas de posesión, declaró que aquellos terrenos no eran baldíos ni de propiedad nacional, y se dio título y posesión material a la Sociedad Barrera & Neira.
El mismo año de 1907, llegó a la ciudad de Orocué, en los Llanos Orientales, a orillas del río Meta, un prisionero custodiado: el general Jorge Martínez Landínez, enemigo del entonces presidente Rafael Reyes. Martínez Landínez era un militar inquieto, hábil litigante, geógrafo e historiador, combatiente en los Llanos Orientales durante la guerra de los Mil Días al lado de su padre el general Benito Martínez. Por su heroica resistencia en la guerra de Secesión de Panamá, el gobierno de José Manuel Marroquín le concedió el grado de general, al que posteriormente renunció para no figurar en la misma lista al lado de otros militares que consideraba traidores a la patria.
Meses antes de su llegada a Orocué, Martínez Landínez había intentado un alzamiento, desembarcando en Buenaventura al mando de un contingente armado, con tan poca fortuna que fue apresado inmediatamente y conducido a Villavicencio pasando por Cali, Neiva y Popayán. Cuatro días después de haber recibido un indulto, llegó al penal de Acacias, pero en vez de la libertad, le hicieron continuar el viaje a Orocué donde se le dio la ciudad por cárcel.
Martínez Landínez había estudiado exhaustivamente las características geológicas de los Llanos y estaba al tanto de la riqueza de hidrocarburos del antiguo resguardo de Santiago de las Atalayas. Al llegar a Orocué, encontró allí a su amigo Alfonso Uscátegui, igualmente interesado en el tema, con quien corroboró algunas sospechas que tenía acerca de la legitimidad de los títulos de la Sociedad Barrera & Neira. Descubierto el fraude en los registros notariales, ambos acordaron denunciarlo y compartir la recompensa que por ello recibieran. Al poco tiempo Martínez Landínez huyó de Orocué, pero fue apresado de nuevo y conducido a las mazmorras de Cartagena, de donde escapó y fue a refugiarse en las Antillas Holandesas. Seis años más tarde, en 1915, libre ya de pendencias con el gobierno, regresa a Colombia para comprobar que las autoridades se habían equivocado al otorgar pleno derecho de dominio sobre las tierras de Santiago de las Atalayas y Pueblo Viejo de Cusiana a una compañía privada, la Sociedad Barrera & Neira, precisando que para que el Estado recuperara los bienes perdidos por la usurpación maliciosa y la incuria de las autoridades, el procedimiento era la declaratoria de bien oculto previsto en el Código Fiscal (ley 11 de 1912), procedimiento que él siguió, celebrando con la Nación un contrato de denuncio del bien oculto, en el cual se pactaría una participación para el denunciante hasta del 50% del valor del bien que se recuperara. Habría de hacerse una denuncia formal de las condiciones y características del bien, invistiendo al denunciante de la facultad de representar a la Nación ante las autoridades judiciales y que el mandatario constituyera una garantía de cumplimiento de sus obligaciones, y cuando la especie entrara a formar parte del patrimonio nacional se pagaría la participación convenida.
El 29 de julio de 1920 la Sociedad Barrera & Neira recibió autorización del Ministerio de Obras Públicas para la explotación de yacimientos petrolíferos en Santiago y Cusiana, por ser propiedad particular conforme al artículo 28 de la ley 120 de 1919 sobre hidrocarburos. El 22 de diciembre del mismo año Martínez Landínez celebró con la Nación un contrato para la recuperación de las tierras a favor del Estado, que fue aprobado por el presidente Marco Fidel Suárez, previo dictamen del Consejo de Ministros, pactándose una participación del 45% para Martínez Landínez. El 28 de enero de 1921, Martínez Landínez denunció formalmente las tierras de Cusiana "como subsuelo especialmente rico de hidrocarburos". En consecuencia, el Ministerio de Agricultura y Comercio, mediante resolución 431 de 1922, declaró bien oculto el denunciado por Martínez y lo autorizó para actuar en nombre de la Nación como apoderado. Por escritura pública 52 de la Notaría 5a. de Bogotá se facultó a Martínez para demandar la efectividad de los derechos de la Nación. Simultáneamente, por resolución del Ministerio de Obras Públicas, el gobierno suspendió la contratación de explotaciones petroleras con la Sociedad Barrera & Neira, dado el carácter litigioso que habían tomado los terrenos.
Constituida la garantía de cumplimiento ordenada por la ley, Martínez inició una actividad febril recorriendo los terrenos y reamojonándolos de acuerdo a los antiguos linderos. El 11 de octubre de 1926 el Tribunal Superior de Bogotá dictó sentencia favorable a la Nación, ordenando a la sociedad demandada la restitución de los bienes. Finalmente el cometido se cumplió el 18 de octubre de 1937, cuando el juez civil del circuito de Orocué hizo entrega material del suelo y subsuelo a los representantes de la Nación.
Para dar cumplimiento a lo prometido por la Nación a Martínez Landínez, quien había cumplido a cabalidad con los términos del contrato, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público ordenó el 9 de marzo de 1938 el avalúo por peritos del terreno recuperado, y determinó que se efectuara el pago de la participación solicitando al Congreso una partida en la ley de apropiaciones. Martínez Landínez interpuso recurso de reposición contra la resolución porque guardaba silencio respecto al subsuelo. La Corte Suprema de Justicia (octubre 30 de 1939) reconoció con fuerza de cosa juzgada el derecho de Martínez Landínez al 45% del suelo y del subsuelo recuperados. El gobierno del presidente Eduardo Santos expidió el 23 de octubre de 1940 la resolución 1181 que determinó pagar en especie a Martínez Landínez, incluyendo el subsuelo como lo había ordenado la Corte Suprema.
Jorge Martínez Landínez había hecho no sólo un esfuerzo intelectual sino también material para atender por su cuenta los gastos de la recuperación de los bienes del Estado. En ese empeño contrajo obligaciones con terceros que hubo de cubrir por medio de cesiones de partes de los terrenos que le habían sido adjudicados. Desavenencias con algunos cesionarios originaron procesos cuya existencia el gobierno argumentó para demorar el pago real contractualmente convenido y judicialmente reconocido y ordenado. Su participación en el suelo y el subsuelo lo habían convertido en propietario común con la Nación. En 1952, la Corte Suprema se pronunció a favor del pago, cuando se hubiese aclarado el pleito de las cesiones. Finalmente, los litigios entre cesionarios terminaron, pero la Nación no otorgaba las escrituras. En este estado de cosas, falleció el general Jorge Martínez Landínez en Bogotá el 15 de agosto de 1966.


  
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Mapa central del Nuevo Reino con localización de Santiago de las Atalayas en la
gobernación de los Llanos, levantado por orden de Antonio Moreno y Escandan,
en el siglo XVIII. Archivo General de la Nación.

  
 

LOS LINDEROS DE CUSIANA
"Las tres y media estancias de ganado mayor adjudicadas por la Real Audiencia de Santafé en 1759 al señor Domingo Ortiz en tierras que fueron de los resguardos de Pueblo Viejo de Cusiana, en los llanos de Casanare, en la antigua jurisdicción de Santiago de las Atalayas, en las cercanías del pueblo de Aguamena, hoy corregimiento del municipio de Sapatosa, en la Provincia de Sugamuxi del Departamento de Boyacá, representan un total de 732 hectáreas y 8.142 mts. cuadrados, superficie esta muy inferior a la que ha pretendido la Sociedad Barrera & Neira, tienen los siguientes linderos: El pueblo de Aguamena desde una loma llamada el Arbolito, cogiendo de para abajo la ceja de la serranía por la cumbre hasta dar al nacimiento de la quebrada Sisigúa, toda esta quebrada abajo hasta su entrada en el río Meta, lindando con tierras de doña Rafaela Daza que tiene en el sitio de Fuá; río Meta abajo hasta la entrada del río Cusiana, una legua más abajo de las bocas; por toda la margen de este río arriba, con todas sus montañas, hasta el río Cachiza, línea recta hasta los Farallones, cogiendo de para abajo hasta un sitio que llaman Malpaso, que está en todo el camino del pueblo de Chámeza y dando la vuelta por el lado de arriba, con todas sus montañas que le rodean, junto con las que llaman los Farallones hasta volver a encontrar con el sitio del Arbolito".
Durante el mandato del presidente Carlos Lleras Restrepo los abogados de los cesionarios solicitaron al gobierno declarar la propiedad comunitaria sobre los terrenos; esto significaba que todos los involucrados se convertían en dueños en conjunto de la totalidad de la zona, cosa que la administración Santos le había reconocido a Martínez Landínez. El 15 de noviembre de 1968, Ecopetrol manifestó al Ministerio de Hacienda su interés en explotar la zona. Ante la magnitud del asunto, el presidente Lleras constituyó a fines de 1969 un Comité Interministerial, el cual recomendó con concepto favorable del Procurador que se otorgaran las escrituras públicas para efectuar el pago del 45% del suelo y el subsuelo. Entre tanto, el Congreso discutía un proyecto presentado por el Ministerio de Minas, que posteriormente dio lugar a la aprobación de la ley 20 de 1969, que estableció un marco jurídico sobre el régimen de propiedad de la Nación y los particulares en cuanto a minas e hidrocarburos.
El 29 de mayo de 1971, bajo el mandato de Misael Pastrana Borrero, se expidió la resolución ejecutiva 113 autorizando al Ministerio de Hacienda a dar cumplimiento a la obligación de otorgar escrituras sobre el 45% del suelo y del subsuelo. El 55% de propiedad de la Nación se declaró para reserva nacional y se aportó a la Empresa Colombiana de Petróleos (decreto 1142 de 1971). Sobre el 45% restante se otorgaron escrituras públicas a las personas que acreditaron derechos. En 1972 Ecopetrol celebró contratos con los propietarios privados que, en virtud de ser partícipes de una propiedad comunitaria, jurídicamente se denominaron "comuneros". Mediante estos contratos se concedió a la empresa pública el derecho exclusivo de explorar y explotar el petróleo y se fijó una regalía del 4% sobre el 45%.
En 1986 Ecopetrol firmó contratos de asociación con tres petroleras: Tritón de Estados Unidos, Total de Francia y British Petroleum de Gran Bretaña. La Tritón elevó una consulta al departamento jurídico de Ecopetrol, episodio que marcó la reanudación del litigio de Cusiana. El 18 de febrero de 1988, la Sala del Consejo de Estado, al responder una pregunta del Ministerio de Minas sobre la aplicación de la ley 20 de 1969, conceptuó: "La propiedad de las minas reconocida en actos administrativos o sentencias definitivas, y la de yacimientos de hidrocarburos reconocida en sentencias judiciales ejecutoriadas, anteriores al 22 de diciembre de 1969, no requieren vinculación de derecho a yacimientos descubiertos ni a la demostración de ese vínculo". Este criterio con relación al sistema jurídico fue una constante hasta que se produjo el descubrimiento de la riqueza petrolífera de la zona. Desde algunas entidades públicas surgió el propósito de desconocer los derechos adquiridos, presentando ante el Congreso el proyecto de ley 135 de 1991 como una "interpretación con autoridad de la ley 20 de 1969" para que de manera retroactiva se expropie sin indemnización a los comuneros de Cusiana.
Finalmente, el 7 de diciembre de 1993, el Congreso aprobó el proyecto de ley 135 de 1991 congelando las regalías que ha de pagar Ecopetrol a los propietarios particulares del subsuelo de Cusiana hasta tanto el Consejo de Estado determine en forma definitiva si el petróleo de Cusiana es o no patrimonio exclusivo de la Nación.
La opinión pública está pendiente del tema. La publicidad en tomo al proceso judicial viene generando zozobra en los medios de inversión extranjera y en el ámbito de los acuerdos internacionales.

LA PROPIEDAD DEL SUBSUELO
Constitución de 1886
Art. 202. Pertenecen a la República de Colombia:
2. Los baldíos, minas y salinas que pertenecían a los Estados cuyo dominio recobra la Nación, sin perjuicio de los derechos constituidos a favor de terceros por dichos Estados, o a favor de éstos por la Nación a título de indemnización.
Ley 20 de 1969
Art. 1. Todas las minas pertenecen a la Nación, sin perjuicio de los derechos constituidos a favor de terceros. Esta excepción, a partir de la vigencia de la presente ley, sólo comprenderá las situaciones jurídicas subjetivas y concretas debidamente perfeccionadas y vinculadas a yacimientos descubiertos.
Art. 13. Las normas contenidas en el artículo primero de esta ley se aplicarán también a los yacimientos de hidrocarburos.

Constitución de 1991
Art. 332. El Estado es propietario del subsuelo y de los recursos naturales no renovables, sin perjuicio de los derechos adquiridos y perfeccionados con arreglo a las leyes preexistentes.


Título: La accidentada historia de Cusiana: Recuento de sus fundaciones, terrenos y litigios.

GLORIA CECILIA DIAZ y el sol de los venados



Gloria Cecilia Díaz
obtiene el premio Ediciones SM
La escritora colombiana Gloria Cecilia Díaz obtuvo el Segundo Premio Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Ediciones SM, según anunciaron en Bogotá los organizadores el pasado 20 de octubre.
La periodista, traductora y profesora, de 55 años y afincada en París, fue proclamada de forma unánime por los cinco miembros del jurado del Premio Iberoamericano, dotado con 30.000 dólares y del que ella había sido finalista en la versión inaugural.
Una sesión del jurado celebrada en Bogotá proclamó como ganadora a la colombiana, quien lo recibirá el próximo 26 de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México).
La autora “es como una tejedora del lenguaje”, dijo la representante delCentro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), la colombiana Beatriz Robledo. Su producción es “muy cuidadosa”, con “un gran respeto para el niño”, agregó Robledo, quien conformó el jurado de esta edición.
“Es una obra muy consolidada, con una alta calidad estética y un compromiso muy grande con la literatura”, continuó la representante del Cerlalc, quien recordó que Díaz obtuvo en 1985 el primer premio en el concurso internacional El Barco de Vapor, convocado por la madrileña Fundación Santa María, con la novela El valle de los cocuyos, que lleva nueve ediciones. La experta observó que ése es un volumen “de carácter fantástico, que valora nuestra mitología”.
La premiada también es autora de El sol de los venados, novela con la que obtuvo en 1992 el segundo premio de El Barco de Vapor, junto al relato La botella azul y el poemario para niños El árbol que arrulla, entre otras obras.
La colombiana fue postulada por el Museo Quimbaya, con sede en Armenia —ciudad natal de la autora— y construido por el Banco de la República (emisor) para acoger las piezas de arte del pueblo prehispánico de los quimbayas.
Además de ella, las organizaciones convocantes del Premio Iberoamericano recibieron las candidaturas de otros 33 escritores de diez países. La pareja argentina de esposos Laura Devetach y Gustavo Roldán, postulados por separado, y el brasileño Bartolomeu Campos de Queiros, concurrieron como finalistas, junto con Díaz.
El jurado hizo mención especial de las brasileñas Lygia Bojunga y Ana María Machado, por considerar que “su obra y trayectoria han obtenido un importante reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional”.
El representante internacional del Grupo español SM, José Luis Cortés, dijo que éste “es un premio a toda una trayectoria, a una carrera (...), el único con estas características en el ámbito iberoamericano”.
El español Juan Farías obtuvo el año pasado el Primer Premio Iberoamericano tras concurrir como finalista junto a la brasileña Ana María Machado y el mexicano Francisco Manuel Hinojosa, además de Díaz, quien combina la escritura con la enseñanza del español en liceos parisinos.
Los otros miembros del jurado fueron la también colombiana Silvia Castrillón, representante delInternational Board on Books for Young People (Ibby); el español Jaime García Padrino, del Instituto SM de Educación (Isme); el peruano Danilo Sánchez, de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), y el chileno Manuel Peña Muñoz, por la Unesco.

Fuente: EFE

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AMIRA DE LA ROSA escribió para niños



 Nació en Barranquilla en 1903 y murió en 1974. Su verdadero nombre era Amira Arrieta McGregor, pero firmaba con el seudónimo de Amira de la Rosa. Es escritora reconocida en el acontecer literario nacional e internacional. De sus incontables textos se destacan sus piezas teatrales |Madre Borrada, Piltrafa y |Las viudas de Zacarías, escenificadas en España, Venezuela y Colombia. También escribió para niños. Sus relatos fueron recogidos en un volumen titulado |La luna con parasol, una serie de cuentos cortos, llenos de poesía y delicadeza. Algunos de estos cuentos son, más que historias donde sucedan hechos y acontecimientos, verdaderas imágenes poéticas. Los recuerdos de su tierra natal parecen inspirarle estas imágenes y los pequeños cuadros en los que los niños y los objetos no son protagonistas, sino el motivo para deleitarse con el placer de la creación y recreación del lenguaje.

 La princesa tenía un jazmín que vivía con su mismo aliento. Se lo había regalado la luna.
La princesa tenía ocho o nueve años pero nunca la habían dejado salir sola de palacio. Y tampoco la llevaban donde ella quería.
Un día dijo a su flor:
– Jazmín, yo quiero ir a jugar con la hija del carbonero sin que lo sepa nadie.
– Ve, niña, si así lo quieres. Yo te guardaré la voz mientras vuelves.
La niña salió dando saltos. El carbonero vivía al principio del bosque.
Pronto la Reina echó de menos a su hija y la llamó:
– Margarita, ¿dónde estás?
– Aquí, mamá –dijo el Jazmín imitando la voz de la princesa.
Pasó un rato y la Reina volvió a llamar:
– Margarita, ¿dónde estás?
– Aquí, mamá –contestó el Jazmín.
El principito, hermano de Margarita, llegó del jardín. Era mayor que su hermana y ya cuidaba de ella.
– Mamá ¿no está Margarita?
– Sí, hijo.
– ¿Dónde?
La Reina llamó a su hija y el jazmín contestó como siempre.
El príncipe se dirigió al lugar de donde venía la voz pero no vio a nadie.
La Reina repitió la llamada y el jazmín contestó. Pero pudieron comprobar que la niña no estaba, ni allí ni en ninguna parte.
Avisaron al Rey. Vinieron los cortesanos. Llegaron los guardias y los criados. Todo el palacio se puso en movimiento. Había que encontrar a la niña. La gente corría de un lado para otro en medio de la mayor confusión. La Reina lloraba. El Rey se mesaba los cabellos.
La Reina volvió a llamar esperanzada.
– Margarita, ¿dónde estás, hija?
– Aquí, mamá.
Se dieron cuenta de que la voz salía de la flor.
El Rey dijo que echaran el jazmín al fuego porque debía estar embrujado; pero la princesa llegó a tiempo para recogerlo.
Su hermano le dijo autoritario:
– ¡Entrega esa flor!
– ¡No la doy! Es mi jazmincito. Me lo regaló la luna. –Y lo apretó contra el pecho.
– Una flor que habla tiene que estar hechizada –dijo un palaciego.
– No la doy.
El Rey ordenó:
– Quitadle la flor a viva fuerza.
Y la niña, rápidamente, se la tragó. El jazmín, no se sabe cómo, se le aposentó en el corazón. Allí lo sentía la niña.
Todos lloraban porque decían que la princesa se había tragado un misterio. Y que vendrían muchos males a ella y al Reino. Pero no. Sólo que, a la Princesa Margarita, se le quedó para toda la vida la voz perfumada.

 
| La LLuvia
 

A Margarita le entraron unas ganas desesperadas de saber contar.
Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:
– Uno, dos, tres... veinte... treinta...
– ¿Y ahora qué sigue?
– Y así un día y otro?
Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento. Estaba feliz.
Un día aparecieron nubes en el cielo. Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.
Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.
– Uno, dos, tres... Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque el agua podía más que su ligereza.
– Sesenta... setenta... noventa... cien...
Y soltó a llorar.
– ¿Qué te pasa?
– Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.
– ¿Qué contabas?
– Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.
Tomado de: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ninos/relatoi/rela13.htm (Consulta 05 - 03 - 2016)

viernes, 4 de marzo de 2016

Una voz que nos descifra como pueblo, AMALIA LU POSSO FIGUEROA




Amalia Lucía Posso Figueroa es su nombre de pila. Nació en Quibdó, Chocó, en 1947, lugar donde vivió hasta sus trece años. Hoy firma como Amalia Lú Posso Figueroa, pues en su infancia las nanas negras la llamaban “niña Amalia Lú”. Augusto Posso, su papá, trabajaba en el Banco de la República, y Maya Figueroa, su mamá, era la enfermera jefe del hospital San Francisco de Asís.

En su época las nanas tenían como principal tarea entretener a los niños mientras los padres iban a trabajar. Amalia tenía dos nanas y a cada una las identificaba por sus ritmos, “una tenía el ritmo en la voz contada, mientras la otra “tenía el ritmo en la voz cantada”, todo lo que contaba lo acompañaba cantando.

En su juventud ingresó a la Universidad Nacional de Bogotá a estudiar Psicología. Allí fue una aguerrida militante de las Juventudes Comunistas y se destacó como una líder estudiantil que hacía arenga pública y paraba el tránsito. Amalia estuvo vinculada a la Universidad Nacional por casi 20 años, tiene dos hijos, Valentina Akerman arquitecta de la Universidad de los Andes, y Yohir Akerman Politólogo de la misma universidad, a quienes considera sus cómplices.

Sólo hasta el día en que le regalaron un lápiz para delinearse las cejas volvieron los recuerdos de su infancia, entre ellos las historias que le contaban sus nanas. En adelante, Amalia comenzaría a escribir cuentos que reflejaban su gran admiración por la gente negra de la región donde creció, y que le ameritan un reconocimiento como escritora del Pacífico, reivindicadora de la cultura afrocolombiana en cada una de sus líneas.

En 1997 al cumplir sus 50 años decía: “Me siento muy liviana con los 50, la mayoría de mis amigas me regaña porque me dicen que al confesar mi edad delato la de ellas. No es que ahora sea especialmente feliz, toda mi vida la he pasado muy rico. Pero, debo reconocer que pasar de los cincuenta con las nalgas y las tetas en su sitio es casi una proeza que, tal vez, solamente las mujeres de raza negra logramos. Me siento afortunada de contar con el gen negro en mi cuerpo, por lo que mi envejecimiento va a ser muy llevadero. De otro lado, haber encontrado la escritura es una suerte enorme y a la vez un compromiso para seguir desempolvando todas esas historias acumuladas.”

A mediados de 2001 la escritora había sido invitada por las universidades de Ithaca, en el estado de Nueva York y Denison, en Ohio, para dictar una serie de conferencias sobre su obra y su departamento natal, al regreso esperaba lanzar su libro Vean vé, mis nanas negras y preparaba otro trabajo del cual ya tenía el título, Los Figueroa, cuyo tema sería su familia materna.

Después del lanzamiento del libro la escritora presentó en el 2002 un montaje de su obra en el Festival Iberoamericano de Teatro y participó en la Feria del Libro de Bogotá. Estos sucesos marcaron el reconocimiento de su obra y le acreditaron reconocimiento como una escritora de obra externa a los encasillamientos de la literatura. Cuando su libro salió a la luz, muchos dijeron no creer que aquellos cuentos provinieran de la mente de una mujer estudiada, que se desempeñaba en el campo de la educación. Sus cuentos eran de una transparencia integra, contaba todo con un erotismo reinante en el aire, por esto algunos la tildaron de vulgar. No obstante, Amalia supo defenderse mostrando que de donde venía, para nada era un tabú morboso, más bien, ese universo sucedía dentro de la más cotidiana realidad en un espacio donde se acostumbraba a llamar cada cosa por su nombre. En adelante su libro ganaría más prestigio.



Amalia Lú Posso

AMALIA LU POSSO FIGUEROA


el gusto de leer se saborea con pasabocas, breve como todo pasabocas,  como el ejemplo servido:

"Yo nací y me crié en el Chocó, oliendo el marañón, comiendo bocachico y empapándome con el aguacero. Creciendo, al cuidado de mis nanas negras aprendí a disfrutar, a compartir, a amar la riqueza de las costumbres, de las tradiciones; del día que se fue con alegría y del que vendrá mañana y traerá más alegría.

Sentí el calor, el viento, el sudor, me bañé en los ríos; comí almirajó, bacao, caimito y borojó. Oí a mis nanas hablar sobre el ritmo, zigzaguear con el ritmo, 
bailar con el ritmo, amar y llorar por el ritmo. Y apropié ese ritmo, lo exprimí, lo estrujé a través de la memoria oral; del contacto físico siempre caliente, acompañado de la palabra cantada dentro del relato, acompañado del pie en el suelo para marcar el compás; del brazo en alto, y de la mano en la nalga, para permitir el coqueteo del cuerpo.

Estos recuerdos permiten que mis vivencias sean tan fuertes, y que hoy se escriban para dar a conocer la riqueza de la cultura chocoana mediante relatos; utilizando la narración para recrear, entre otras muchas cosas, las formas de hablar, de contar, de cantar, de bailar, de contonear, de mirar; rescatando algunas de las costumbres tradicionales en los nacimientos, las fiestas, los paseos, las comidas, la despedida de los muertos viejos y el gualí para los muertos niños; difundiendo el significado del vocabulario tradicionalmente usado por los negros en el Chocó; exaltando la sensualidad de su cultura con la utilización permanente del humor, que es procaz y sutil al mismo tiempo.

Escogí el cuento como técnica narrativa porque es un género corto, sintético y globalizante, que describe la vivencia como aventura. Para escribir estos cuentos, necesariamente he tenido que dejarme ir por el camino que marca el recuerdo, permitiendo que se desarrollen situaciones oníricas encontradas a través de la nostalgia. Hablo con palabras distintas, de sonoridad bamboleante, que acarician el oído y parecen danzar, por eso no utilizo glosario, quiero que todos los que se adentren en mis cuentos disfruten siguiendo el relato sin la preocupación necesaria de descifrar significados, permitiendo invitar a la imaginación y prepararse a soñar.
Nací y crecí en Quibdó, me mojó el aguacero, me abrazó el calor, el viento me levantó la falda empapada en sudor; el pacó y el manduro aromaron mi espacio, el borojó y el marañón pusieron sabor en mi lengua, el río Atrato llevó mis ojos a viajar, la chirimía con su música enseñó mi cuerpo a cimbrear, y mis nanas negras llenaron de fantasías las interminables tardes plenas de relatos bulliciosos, acariciándome, al mismo tiempo que borboritaban las palabras en zigzag. En ese momento no lo imaginaba, pero lo supe después: mis nanas negras me enseñaron a disfrutar al milímetro la riqueza del cuerpo, me metieron en el corrinche de gozar con todos los ritmos que tiene mi cuerpo". |

EDUARDO Y MARIA MERCEDES CARRANZA, unas voces únicas de la poesía colombiana




María Mercedes le cantó a su ciudad natal
 desde la rebeldía

BOGOTÁ, 1982


Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor;
estas calles son el laberinto donde he de andar y desandar
todos los pasos que al final serán mi vida.
Grises las paredes, los árboles
y de los habitantes el aire de la frente a los pies.
A lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno,
un verde Patinir de laguna o río,
y tras los cerros tal vez puede verse el sol.
La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida;
nos unen el cansancio y el tedio de la convivencia
pero también la costumbre irremplazable y el viento.

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(Con su papá; el poeta Eduardo Carranza) 

A María Mercedes le gustaba ir por la vía contraria

POEMA DEL DESAMOR

Ahora en la hora del desamor
Y sin la rosada levedad que da el deseo
Flotan sus pasos y sus gestos.

Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
Aquellas palabras que no fueron posibles,
Las preguntas que sólo zumbaron como moscas
Y sus ojos, frío pedazo de carne azul.
Días perdidos en oficios de la imaginación,
Como las cartas mentales al amanecer
O el recuerdo preciso y casi cierto
De encuentros en duermevela que fueron con nadie.
Los sueños, siempre los sueños.

¡Qué sucia es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino el inminente olvido!



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María Mercedes desafiaba 

los tiempos y los espacios, por eso será eterna



UNA ROSA PARA DYLAN THOMAS

“Murió tan extraña y trágicamente
como había vivido, preso de un caos
de palabras y pasiones sin freno... no
consiguió ser grande, pero fracasó
genialmente....”

D.T.



Se dice: “no quiero salvarme”
y sus palabras tienen la insolencia
del que decide que todo está perdido.
Como guiado por una certeza deslumbrante
camina sin eludir su abismo;
de nada le sirven ya los engaños
para sobrevivir una o dos mañana más:
conocer otro cuerpo entre las sábanas destendidas
y derretirse pálido sobre él
o reencontrarse con las palabras
y hacerlas decir para mentirse
o ser el otro por el tiempo que dura
la lucidez del alcohol en la sangre.
En la oscuridad apretada de su corazón
allí donde todo llega ya sin piel, voz, ni fecha
decide jugar a ser su propio héroe:
nada tocará sus pasiones y sus sueños;
no envejecerá entre cuatro paredes
dócil a las prohibiciones y a los ritos.
Ni el poder ni el dinero ni la gloria
merecen un instante de la inocencia que lo consume;
no cortará la cuerda que lleva atada al cuello.
Le bastó la dosis exacta de alcool
para morir como mueren los grandes:
por un sueño que sólo ellos se atreven a soñar.


María Mercedes le hizo 

muchas preguntas  la historia


POEMA DE LOS HADOS

Soy hija de Benito Mussolini
y de alguna actriz de los años 40
que cantaba la “Giovinezza”.
Hiroshima encendió el cielo
el día de mi nacimiento y a mi cuna
llegaron, Hados implacables,
un hombre con muchas páginas acariciadas
donde yacían versos de amor y de muerte;
la voz furiosa de Pablo Neruda;
bajo su corona de ceniza, Wilde
bello y maldito,
habló del esplendor de la Vida
y de la seducción fatal de la Derrota;
alguien grito “muera la inteligencia”,
pero en ese mismo instante Albert Camus
decía palabras
que eran de acero y de luz;
la Pasión ardía en la frente de Mishima;
una desconocida sombra o máscara,
puso en mi corazón el Paraíso Perdido
y un verso;
“par delicatesse j’ai perdu ma vie”.
Caía la lluvia triste de Vallejo
se apagaba en el viento la llama de Porfirio;
en el aire el furor de las balas
que iban de Cúcuta a Leticia, se cruzaban
con los cañones de “Casablanca”
y las palabras de su canción melancólica:

“El tiempo pasa,
un beso no es más que un beso...”


Así me fue entregado el mundo.
Esas cosas de horror, música y alma
han cifrado mis días y mis sueños.


Primero que todo a María Mercedes le

 aprendemos a protestar




Sé que voy a morir porque no amo ya nada.
Manuel Machado
Moriré mortal,
es decir habiendo pasado
por este mundo
sin romperlo ni mancharlo.
No inventé ningún vicio,
pero gocé de todas las virtudes:
arrendé mi alma
a la hipocresía: he traficado
con las palabras,
con los gestos, con el silencio;
cedí a la mentira:
he esperado la esperanza,
he amado el amor,
y hasta algún día pronuncié
la palabra Patria;
acepté el engaño:
he sido madre, ciudadana,
hija de familia, amiga,
compañera, amante.
Creí en la verdad:
dos y dos son cuatro,
María Mercedes debe nacer,
crecer, reproducirse y morir
y en esas estoy.
Soy un dechado del siglo XX.
Y cuando el miedo llega
me voy a ver televisión
para dialogar con mis mentiras.




María Mercedes entra a la eternidad porque

 supo sumar poesía a la blasfemia, 

¡o se  jugó la vida  a la inversa!


SOBRAN LAS PALABRAS

Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.


A  la gestora cultural que fundó y sostuvo la Casa de Poesía Silva, mamá no sólo de Melibea pues fue la protectora de los poetas a lo largo y ancho del país; fue la voz cultural en la Constituyente de 1991; fue la periodista y política y, ante todo miraba de frente. Juan Gustavo Cobo Borda reseña para el boletín del Banco de la República esta nota que se reproduce a continuación: 

Carranza, María Mercedes

Ficha Bibliográfica escrita por Juan Cobo Borda para la biblioteca virtual del Banco de la República


Palabras clave: Biografías  de poetas - Colombia; Los Carranzas (Padre e hija) en  Poesía colombiana


Poetisa y periodista colombiana nacida en Bogotá el 24 de mayo de 1945 y fallecida el 11 de julio de 2003. Hija del poeta y diplomático Eduardo Carranza, viajó desde temprana edad a Europa en compañía de su padre, donde se establecieron en España y Francia. De esta manera, María Mercedes Carranza tuvo la oportunidad de conocer e interactuar con algunos de los poetas más reconocidos de la época; entre ellos, Panero, Rosales, Ridruejo y Luis Felipe Vivanco. Concluyó sus estudios en la Universidad de los Andes, donde obtuvo una licenciatura en Filosofía y Letras.

Ejerció el periodismo trabajando para periódicos como El Siglo de Bogotá y El Pueblo de Cali, donde dirigió las páginas literarias Vanguardia y Estravagario. Durante trece años fue jefe de redacción de la revista Nueva Frontera. Durante los años que precedieron su muerte estuvo a cargo de la sección de crítica literaria de la revista Semana.

En el ámbito político, María Mercedes Carranza apoyó la campaña a la presidencia de Luis Carlos Galán por medio del movimiento Nuevo Liberalismo y fue parte de la Asamblea Constituyente de 1991. En al año 1986 asumió la dirección de la Casa de Poesía Silva de Bogotá. A un nivel más personal, la triste situación del país la afectó directamente cuando su hermano Ramiro Carranza fue secuestrado por las FARC. Por esta razón, hasta poco antes de su muerte lideró una campaña por la paz que buscaba la liberación de los secuestrados.

Entre algunos de sus libros de poesía más reconocidos figuran “Vainas y otros poemas” (1972), “Tengo miedo” (1983), “Hola, soledad” (1987) y “Maneras de desamor” (1993). Adicionalmente, publicó otros libros de cuentos, antologías y un texto crítico sobre la poesía de su padre titulado "Carranza por Carranza" (1985).

Después de sufrir una larga depresión, María Mercedes Carranza se quitó la vida el 11 de julio de 2003 en su apartamento de Bogotá al tomar una sobredosis de píldoras antidepresivas. En su honor, el presidente de la época, Alvaro Uribe Vélez, declaró un minuto de silencio. Junto a su lecho de muerte, yacía un poema de su padre que leía: “Todo cae, se esfuma, se despide, y yo mismo me estoy diciendo adiós”. Tenía 58 años de edad cuando falleció.

María Mercedes Carranza en la Blaa Virtual

Tomado de: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/carranza.htm (03 - 03- 2016)


Don Eduardo Carranza y su poema al Llano:


Imagen de Eduardo Carranza


Llano llanero

Aquí esta el llano escrito de ríos. El llano azul de ríos. Tierra casi toda aire. 
Horizonte, novillo cimarrón y fruta y tiple y caballito veloz y copla triste y novia morena y silbo del turpial… 

Aquí esta el llano, extendido hasta el cielo. El llano sin principio ni fin como mi alma. 
El llano que se prolonga de palmera en palmera como el mar de ola en ola. 
Aquí esta el llano empapado de sol como la mar de sal. 

Aquí está la llanura. Y en la palma de su mano esta la línea de la suerte de mi patria. 
Esa línea es azul y se llama Rió Meta. 

Aquí esta el llano, firmamento de tierra, patio de Colombia, lleno de naranjos. El llano, el llano llanero. Yo le canto de pie, a grito herido y hasta enronquecer. En pie sobre mi arpa yo le canto. 

Canto a su cielo limpio, bruñido y azul como una sala de dinamos. Sus ríos de afiebradas márgenes. Sus blancos pueblos bajo el océano de la luz. Su paisaje seco y orgulloso, con tiernos recodos en verde y agua. El llano que me suena a somaten. Me huele a fogata y a caballo nocturno y a alcohol. 

Tierra desesperada. Patria difícil y áspera. Tierra sexual, azogada, loca y alcoholada que me tira el corazón y las entrañas. Me exaspera la sangre y la fantasía. Aquí el cielo es más alto pues los hombres caminan mas erguidos y a caballo. Aquí el día se levanta más temprano. 

Yo te saludo, infinita Patria, abierto libro, lecho para el amor. Te saludo en lo que fue, como un jardín sepultado. Te saludo en mis abuelos muertos, poderosos e invisibles bajo la tierra, como la sangre bajo la piel del hombre. Y pongo mi oído sobre la tierra para oír el galope de los dichosos días que vendrán. 

Yo te saludo, pálido llanero, mi camarada y consanguíneo, cuyas manos heroicas matan la fiera y lavan la camisa gris de la mamona. 

Salud a ti llanero. Que con tu silbo guías el crecimiento de las palmas. 

A ti con tus dientes perfectos y tu risa guerrera. A ti, jinete que saltas sobre el caballo como la onda sobre el lomo del rió. 

A ti, cazador que miras el tigre a los ojos. A ti, que vas en la piragua, a ti que saltas con tu potro por encima del tiempo. A ti, que en medio de la noche galopas en la mitad del llano, ancho como un siglo y para quien una estrella es la casa más cercana. A ti, que velando sobre tu ganado mides la noche latido a latido. Y a ti, “veguero” que ríes en tu machete. Y a ti, muchacha con curvas de rió llanero y con piel de perfume, a ti, estatua del verano, a ti de arena enternecida. Cuyas alas solo mis ojos saben ver. 

A ti, callado héroe, a la sombra de tus palmeras, yo te canto. Y a ti que tocas la guitarra sobre la ola de la hamaca. Y a ti, jinete cuya frente se alza como el sol. 

Yo te saludo Patria, en lo amargo de la raíz y en lo dulce del fruto. Te saludo en la orquídea y en el tigre. En tu aire que ríe por la mañana, como una muchacha que escondiera, que medio escondiera su cara entre los cabellos mojados recién salidos del baño. 

Te saludo en el mediodía inmóvil de pronto como los ojos de una serpiente. Te saludo en la tarde que es como una dulce mano violeta sobre nuestra frente. Y en la noche que pone a danzar los sueños en ronda, cogidos de la mano, cuando un jinete invisible por el cielo, levanta una dorada polvareda. 

Yo te saludo, Patria, a ti que eres el paraíso terrenal de incógnito, en cuya lisa superficie se desbordan los grandes río como los corazones demasiado hermosos. Tierra sencilla como el fuego, como el aire, como el agua. 

Tierra que habla con lengua de aromas que yo entiendo. En ti relinchan los potros del viento y los días se alzan como cresta de gallo y avanza la mañana húmeda y roja como una invasión de besos. 

En ti las islas que un rió abraza como abraza a un corazón el tiempo. En ti la atmósfera vestida de llamas anda delirando el día de la quema. En ti los pájaros con su peso de música. En ti la lluvia que abre el País de las Maravillas. 

En ti la mañana rápida y alegre como una buena noticia de repente. En ti la risa de aguas y espumas. En ti los ojos azules de los lagos. En ti la soga, relámpago flexible, En ti el silencio en su casa de musgo. Y sobre ti un río de galopes y un relincho levantado hasta el cielo. 

OH mi Patria, casa sin puertas, casa toda puertas, llena de par en par como el futuro. 

Yo también te robaría, en unas fiestas, “sobre un garañon y con matracas y entre los tiros de la policía” 

( * ) Nacido en Apiay, Meta

Tomado de: 
[consulta 07.10.2019]


El olvidado

Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

A Jorge Gaitán Durán
              

Ahora tengo sed y mi amante es el agua.
Vengo de lo lejano, de unos ojos oscuros.
Ahora soy del hondo reino de los dormidos;
allí me reconozco, me encuentro con mi alma.
              
La noche a picotazos roe mi corazón,
y me bebe la sangre el sol de los dormidos;
ando muerto de sed y toco una campana
para llamar el agua delgada que me ama.
              
Yo soy el olvidado. Quiero un ramo de      agua;
quiero una fresca orilla de arena enternecida,
y esperar una flor, de nombre margarita,
para callar con ella apoyada en el pecho.
              
Nadie podrá quitarme un beso, una      mirada.
Ni aún la muerte podrá borrar este perfume.
Voy cubierto de sueños, y esta fosforescencia
que veis es el recuerdo del mar de los dormidos.



El insomne

Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

       
A Alberto Warnier
              
A alguien oí subir por la escalera.
Eran -altas- las tres de la mañana.
Callaban el rocío y la campana
... Sólo el tenue crujir de la madera.
              
No eran mis hijos. Mi hija no era.
Ni el son del tiempo en mi cabeza cana.
( Deliraba de estrellas la ventana. )
Tampoco el paso que mi sangre espera...
              
Sonó un reloj en la desierta casa.
Alguien dijo mi nombre y apellido.
Nombrado me sentí por vez primera.
              
No es de ángel o amigo lo que pasa
en esa voz de acento conocido...             
... A alguien sentí subir por la escalera...



GALOPE SÚBITO
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

              A veces cruza mi pecho dormido
              una alada magnolia gimiendo,
              con su aroma lascivo, una campana
              tocando a fuego, a besos,
              una soga llanera
              que enlaza una cintura,
              una roja invasión de hormigas blancas,
              una venada oteando el paraíso
              jadeante, alzado el cuello
              hacia el éxtasis,
              una falda de cámbulos,
              un barco que da tumbos
              por ebrio mar de noche y de cabellos
              un suspiro, un pañuelo que delira
              bordado con diez letras
              y el laurel de la sangre,
              un desbocado vendaval, un cielo
              que ruge como un tigre,
              el puñal de la estrella fugaz
              que sólo dos desde un balcón han visto,
              un sorbo delirante de vino besador,
              una piedra de otro planeta silbando
              como la leña verde cuando arde,
              un penetrante río que busca locamente
              su desenlace o desembocadura
              donde nada la Bella Nadadora,
              un raudal de manzana y roja miel,
              el arañazo de la ortiga más dulce,
              la sombra azul que baila en el mar de Ceilán,
              tejiendo su delirio,
              un clarín victorioso levantado hacia el alba,
              la doble alondra del color del maíz
              volando sobre un celeste infierno
              y veo, dormido, un precipicio súbito
              y volar o morir...
              
              A veces cruza mi pecho dormido
              una persona o viento,
              un enjambre o relámpago,
              un súbito galope:
              es el amor que pasa en la grupa de un potro
              y se hunde en el tiempo hacia el mar y la muerte.



Muchacha
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

       
A Gerardo Diego
              
1
Dos mariposas de seda,
detenidas en su pelo.
La mañana, como un velo,
atrás flotando se queda.
              
El sol en su red enreda
esa presencia de vuelo.
Saetas de luz, en rueda,
cautiva la dan al cielo.
              
En el aire y en los sueños
deja dos nidos pequeños
sostenidos por sus venas.
              
Tacto del mundo, su traje.
Su voz, aéreo paisaje
vago de nubes-sirenas.
              

2
Alzado arroyo viajero.
Espacio de uva y rosa.
Gajo de sal anhelosa.
Largo beso prisionero.
              
Alto lugar de lucero,
la frente maravillosa,
entre mimos de mimosa
y silbos de cocotero.
              
Manos en sol modeladas.
Tibia presión de miradas,
muchacha, playa sin huellas.
              
Tierra del desvelo. Rada
de deseos limitada.
Dibujo blanco de estrellas.

[consulta 07.10.2019]



Es melancolía



Te llamarás silencio en adelante.
Y el sitio que ocupabas en el aire
se llamará melancolía.
Escribiré en el vino rojo un nombre:
el tu nombre que estuvo junto a mi alma
sonriendo entre violetas.
Ahora miro largamente, absorto,
esta mano que anduvo por tu rostro,
que soñó junto a ti.
Esta mano lejana, de otro mundo
que conoció una rosa y otra rosa,
y el tibio, el lento nácar.
Un día iré a buscarme, iré a buscar
mi fantasma sediento entre los pinos
y la palabra amor.
Te llamarás silencio en adelante.
Lo escribo con la mano que aquel día
iba contigo entre los pinos.


Soneto a la rosa



En el aire quedó la rosa escrita.
La escribió, a tenue pulso, la mañana.
Y, puesta su mejilla en la ventana
de la luz, a lo azul cumple la cita.
Casi perfecta y sin razón medita
ensimismada en su hermosura vana;
no la toca el olvido, no la afana
con su pena de amor la margarita.
A la luna no más tiende los brazos
de aroma y anda con secretos pasos
de aroma, nada más, hacia su estrella.
Existe, inaccesible a quien la cante,
de todas sus espinas ignorante,
mientras el ruiseñor muere por ella.

Tomado de:  https://ciudadseva.com/autor/eduardo-carranza/poemas/