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miércoles, 31 de agosto de 2016

Ciudades y poemas para llevar copiados a mano y entre los bolsillos

Ciudades y poemas para llevar copiados a mano y 
entre los bolsillos




Otra antología inconclusa - (febrero 2017)

Contiene: 

Bogotá 1982 / María Mercedes Carranza
Romance en Barranquilla / Meira del Mar
Poeta de bolsillo / Jotamario Arbeláez
Antepasados / Jotamario Arbeláez
Buenos Aires / Jorge Luis Borges
Babel y Usted / María Mercedes Carranza 
Medellín, a solas contigo / Gonzalo Arango
Cartagena en mí / Jorge Alberto Narvaez Ceballos 
Lima de antaño / Antonio Encinas Carranza

 



BOGOTÁ, 1982


Nadie mira a nadie de frente,


de norte a sur la desconfianza, el recelo,


entre sonrisas y cuidadas cortesías.


Turbios el aire y el miedo


en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.



Una lluvia floja cae


como diluvio: ciudad de mundo


que no conocerá la alegría.


Olores blandos que recuerdos parecen


tras tantos años que en el aire están.


Ciudad a medio hacer,
siempre a punto de parecerse a  algo

como una muchacha que comienza a menstruar,


precaria,

 sin belleza alguna.


Patios decimonónicos con geranios


donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;


patios de inquilinato


en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.




En las calles empinadas y siempre crepusculares,


luz opaca como filtrada

 por sementinas láminas de alabastro,


ocurren escenas tan familiares 

como la muerte y el amor;


 mi vida.

Grises las paredes, 

los árboles y de los habitantes el aire 


de la frente a los pies.



A lo lejos el verde existe, 

un verde metálico y sereno,


un verde Patinir de laguna o río,


y tras los cerros tal vez puede verse el sol.


La ciudad que amo se parece demasiado

 a mi vida;


nos unen el cansancio y el tedio de la 

convivencia


pero también la costumbre irremplazable 

y el viento.



Romance de Barranquilla de Meira del Mar




Porque nació frente al alba
y en el sitio de la brisa,
le dieron un nombre claro
de flor o de lluvia fina.
Un nombre para decirlo
en medio de la sonrisa,
enamorados los ojos
y el corazón: ¡Barranquilla!
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Con lino de sol y sombra
tejieron años los días
y una mañana sin nubes
despertó moza la niña.
Con los cabellos al viento,
la dulce piel encendida,
y el andar sin descanso
tal aire de gallardía
que el alma de las palmeras
arrodillóse vencida...
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Breves jazmines alados
-casi de luz detenida-
crecen con gracia delgada
cuando sus pasos atisban...
La tarde cuida su gozo,
la noche su sueño cuida,
y ella se viste con seda
de flores amanecidas
sobre la cumbre del árbol
tan solo para vestirla...
Seda dorada del roble
con hebras de melodía,
seda de la acacia roja,
seda de las campanillas
que tienen fugaz el aire
y como el aire palpitan...
Rodea sus altas sienes
un vuelo de golondrinas
y abre jacintos de oro
su diestra mano clarísima.
Porque nació frente al alba
¡Y el alba es buena madrina!

El mar de gritos azules,
el mar del habla encendida,
le trae canciones remotas
y barcas de otras orillas.
El río, tenaz viajero,
con largo asombro la mira,
y le regala blancura
de garzas estremecidas
que suben a la comarca
donde la estrella se inicia.
Y el viento pirata, el viento
de clara estirpe marina,
le ciñe el talle redondo
con brazos de lejanía,
¡y se la lleva consigo
donde la tierra limita
con el batir de campanas
de la triunfal alegría!

Porque nació frente al alba,
y porque el alba madrina,
le dio aquel nombre que pide,
para decirlo, sonrisa...
El nombre que puede ser
de flor o de lluvia fina,
y que también lleva el Ángel
de júbilo: ¡Barranquilla!
 



Poeta de bolsillo de  Jotamario Arbeláez

Ibas con tu poema de bolsillo haciendo sitio para tu humanidad de este lado del  mundo.
No tenías siquiera un muerto querido en quien caer de rodillas, ni una piedra
para amolar la cabeza, pero era tuyo el oro del alba. Encontrarte
significaba siempre un viaje de retro por las aflicciones del santo, por
la bonhomía del mendigo. Tirabas tu poca vida por la borda
sin tener borda. El cielo no se detenía con sus luces
porque no hubieras dormido. Las camas corrían con sólo ver tu cansancio.
Abundaban amigos de la risa en la espuma del sifón que te daban a beber   bromas. 
Ajustabas tu gabardina raída con bolsillo para poema
y te perdías en el frío de la gran ciudad, tan avara a tus luces.
Confieso que envidiaba la frescura de tu pobreza
que te procuraba papel por lo menos para poema. Amabas por fragmentos
mujeres que encontrabas más que sentadas en bancos y bares. Una pierna de  ésa,
de aquella la cabeza perfecta, de la de más acá la fresca cadera. Y el poema
crecía en tu bolsillo como un pan en el horno.
El día de tu muerte, que no fue tal porque qué otra cosa había sido tu vida,
corrimos tus horrendos amigos a buscar el poema
antes de enterrarte. Al meter la mano al bolsillo
de tu gabán de poeta,
ese bolsillo estaba roto y por ahí tu poema
se había ido como tu vida.

Datos vitales: Jotamario Arbeláez (Cali, 1940) es uno de los fundadores del movimiento Nadaísta en Colombia, contemporáneo  con las vanguardias europeas y el movimiento Beatnik norteamericano.
De sus frutos, se inventarían algunos títulos: 
  •  Obra poética: El profeta en su casa, 1966; 
  • El libro rojo de rojas, 1970
  • Mi reino por este mundo, 1980;
  • La Casa de la memoria, 1985, Premio Nacional de Poesía; 
  • El espíritu erótico, 1990; 
  • Paños menores, 1994; 
  • El cuerpo de ella, 2000. 
  • Sus memorias aparecieron en el 2002 bajo el título de Nada es para siempre. En 2008 ganó el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, en Venezuela.  


Antepasados de Jotamario Arbeláez

Mis antepasados entraron a sangre y fuego en América conquistando y arrasando
Mis antepasados se defendieron con los dientes de esta invasión de bárbaros
Mis antepasados buscaban el oro para cuadrar las arcas de sus monarcas y saciar sus
propias sedes
Mis antepasados ocultaron el oro de sus ritos al sol bajo tierra y bajo las aguas
Mis antepasados nos robaron la tierra
Mis antepasados no pudieron recuperarla
Cómo siento en el alma no haber estado en el cuerpo de mis antepasados
¿De parte de cuál de mis antepasados me pondré contra cuáles?








Buenos Aires / Jorge Luis Borgés

 He nacido en otra ciudad que también se llamaba Buenos Aires. Recuerdo el ruido de los hierros de la puerta cancel. Recuerdo los jazmines y el aljibe, cosas de la nostalgia. Recuerdo una divisa rosada que había sido punzó. Recuerdo la resolana y la siesta. Recuerdo dos espadas cruzadas que habían servido en el desierto. Recuerdo los faroles de gas y el hombre con el palo. Recuerdo el tiempo generoso, la gente que llegaba sin anunciarse. Recuerdo un bastón con estoque. Recuerdo lo que he visto y lo que me contaron mis padres. Recuerdo a Macedonio, en un rincón de una confitería del Once. Recuerdo las carretas de tierra adentro en el polvo del Once. Recuerdo el Almacén de la Figura en la calle de Tucumán. (A la vuelta murió Estanislao del Campo.) Recuerdo un tercer patio, que no alcancé, que era el patio de los esclavos. Guardo memoria del pistoletazo de Alem en un coche cerrado.










Babel y usted / María Mercedes Carranza



Si las palabras no se arrugaran, si
fuera posible ponérselas cada
mañana, como una blusa o una
falda, previo
uso del quitamanchas, el cepillo y la plancha.
Si no se pudieran pronunciar ya
más por lo brilladas y rodillonas.
Si, después de un largo viaje, se
botaran como la maleta, tan
descosida, tan llena de letreros y de
mugre. Si no se cansaran, si fuera
normal y corriente someterlas a
chequeo médico cada año,
con diagnósticos y exámenes de
laboratorio, vitaminas y
reconstituyentes y hasta menjurges para
la anemia. Si las
palabras hicieran sindicato en defensa
de sus fueros más legítimos y
reclamaran indemnizaciones por
abuso de confianza a aquellos que las
tratan como a violín prestado. Si
algún día hicieran huelga,
¿qué opina usted, García?




Medellín, a solas contigo

Un bus me deja a mitad de camino. Por treinta centavos compro quince minutos de paisaje. A la montaña subo a pie, jadeando de calor hasta coronar la cumbre. A la casa donde voy se entra por una avenida de rosas cuyos botones estallaron esta tarde al sol. Todavía, en el perfume del aire, mi carne percibe la cópula de la naturaleza.

La visión de la ciudad es espléndida desde esta altura. Puede pensarse en un paisaje ideal para místicos, pero aquí viven los industriales antioqueños.

Todavía no tomé una copa, y ya estoy ebrio. La voluptuosidad del aire emborracha mis sentidos. Me niego a beber para conservarme lúcido, y gozar este paisaje fascinante tan parecido a la gloria. Para empezar, un jugo de moras.

Marina me enseña el nombre de las matas que crecen en su jardín: gardenias, alelíes, crisantemos y girasoles. ¡Qué derroche de belleza! No falta un color, y todos los aromas están presentes. Escandalosa lujuria de esta tierra donde brota el milagro por el amor de un corazón y unas manos de mujer.

Quisiera vivir en medio de este esplendor de fuerza, sol y poesía. Pero tal vez no. Esta violencia desencadenada terminaría por matarme, es demasiado inhumana. Mi alma también ama la pobreza, la aridez y las piedras. Mi dicha muere en el exceso. Y esta belleza es perfecta. La felicidad tendría aquí su reino, pero también una muerte melancólica. El corazón necesita ausencias para alimentar el deseo.

Nos instalamos en la biblioteca. Tomamos un licor seco, excitante, y estamos felices. Tras los vidrios una terracita sembrada de pinos semeja un balcón sobre un abismo que titila: ¡la ciudad!

Anclada en la oscuridad, chisporrotea con sus neones brillantes. El viento mece los árboles. El cielo centellea apacible. Me siento despojado de espíritu, vacío de ideas, sólo abierto a las embriagueces del cuerpo.

Lenta y cálida invasión de felicidad que nace al mismo tiempo que la noche. Reconciliación de mi ser con el mundo. Esta noche sólo existo para afirmar, para consentir. No tengo dudas sobre nada. Ni siquiera los asesinos pensamientos de muerte. Perfecta plenitud en el mundo y en mi alma: una paz de piedra, dicha sin fondo.

Olor de eucaliptus y rosas en la biblioteca. Me digo: es el buen olor de la sabiduría, esta inocencia que no está escrita más que en el aire, y más alto aún, en las estrellas.

Cuando a media noche salgo en la terracita veo la ciudad iluminada, feliz bajo la fresca noche de verano.

¡Oh, mi amada Medellín, ciudad que amo, en la que he sufrido, en la que tanto muero! Mi pensamiento se hizo trágico entre tus altas montañas, en la penumbra casta de tus parques, en tu loco afán de dinero. Pero amo tus cielos claros y azules como ojos de gringa.

De tu corazón de máquina me arrojabas al exilio en la alta noche de tus chimeneas donde sólo se oía tu pulmón de acero, tu tisis industrial y el susurro de un santo rosario detrás de tus paredes.

Bajo estos cielos divinos me obligaste a vivir en el infierno de la desilusión. Pero no podía abandonarte a los mercaderes que ofician en templos de vidrio a dioses sin espíritu.

Te confieso que no me gustaba tu filosofía de la acción, y elegí para mí la poesía. Éste era el precio de mi orgullo y de mi desprendimiento.

Tus mañanas son las más bellas que han amanecido en ciudad alguna. Pero me negaba a perder su contemplación por tus oficinas burocráticas. No, Medellín: prefería esperar tus mañanas en un bar, o en un parque solitario para que te vomitaras plena de libertad y radiante de sol sobre mi corazón borracho.

Por eso me decías “vago”, porque nunca fui avaro con tu belleza. En cambio tú nunca fuiste generosa con mi locura. Yo te daba mucho amor y te adoraba. Pero de tanto amarte casi me destruyes.

Hui de tu belleza y de tus glorias para conquistar las mías, en vista de que no parecías orgullosa de mis alabanzas, y me despreciabas como a un bastardo porque no hacía lo de todos: rezar el rosario, casarme, trabajar como un negro y después morir.

De noche te era fiel, era tu testigo desvelado para que tu belleza no fuera inútil: te aseguraba un reino en mi conciencia y una dicha en mi corazón exaltado. Pero nunca comprendiste la humilde gloria de tener un poeta errando por el corazón desierto de tus noches considerándote mi hogar, mi amante, y mi única patria.

Eres utilitaria en cambio, y preferías acostarte con gerentes y mercaderes. También eres tiránica, pues te place la servidumbre, dominar soberana en el reposo de los vencidos y los muertos.

Sola y pura con tu gloria inhumana. Avara con tu majestuosa belleza. No te das porque a todos has matado, Medellín asesina, Medellín de corazón de oro y de pan amargo.

¿Por qué te empeñas en matar el Espíritu? Yo sé: porque el Espíritu tiene sus glorias que te rivalizan en poder.

No todo es Hacer, Medellín. También No-Hacer es creador, pues no sólo de hacer vive el hombre. Dijo Lawrence: “Prefiero la falta de pan a la falta de vida”. Pero tu fanatismo laborioso no te da tiempo para asimilar otras filosofías de la vida. No has tenido tiempo de aprender a vivir, sólo sabes trabajar y morir. Te digo por esto que casi no sabes nada, mi querida. Ni siquiera eres consciente de tus maravillas. Te enloquece el Poder sin la Gloria. A veces le coqueteas al Espíritu, pero pesas demasiado con tu materialismo para permitirte una grandeza que no es elevada, que no es del alma.

No tienes corazón ni ojos para estas gardenias que me rodean, estos lotos en su laguna, ni para esta carga embriagadora de perfumes, y esta dicha carnal que me llega del silencio. Eres de una inocencia perversa porque asesinas el alma de las flores; porque arruinas el cielo con tus vomitadoras chimeneas; porque robas al sueño su silencio con tus ronquidos de producción en serie.

Hay otras mercancías que no produces: los alimentos del alma. Ni siquiera tienes una fabriquita para alimentos del alma. Tus politécnicos y universidades sólo vomitan burócratas, peones, jefes de personal y millares de contadores para tu potente máquina económica, tus cerebros electrónicos y tu Bolsa Negra.

¡Castrados de espíritu! Y yo sé que no son brutos. Al contrario, son idealistas y mesiánicos, herederos de conquistadores. Pero tú eres horriblemente frustradora.

Eres incapaz de producir un líder espiritual, ni siquiera un mártir. Porque antes de que el Iluminado diga su mensaje de salvación, ya tú le has ofrecido un puestecito en el Banco Comercial Antioqueño, y lo conquistas para heredero de tus tradiciones, socio de la Venerable Congregación de los Fabulosos Ingresos Per Cápita, y Caballero del Santo Sepulcro.

Así coaccionas el espíritu de creación, la libertad y la rebelión. Eres endemoniadamente astuta para conservar la vigencia de tus estúpidas tradiciones. No admites cambios en tu poderosa alma encementada. Sólo te apasiona la pasión del dinero y aforar bultos de cosas para colmar con tus mercancías los supermercados.

Esto no estaría mal si con tus excesos y tus delirios productivos te acordaras de que tienes alma. Pero el tiempo del ocio lo ocupas en engrasar tus poderosos engranajes que mueven día y noche tu filosofía del Hacer, tu pensamiento reproductor.

A veces apestas a gasolina y hollín, mi pequeña Detroit. Cuando me abrumas con tus puercos olores siento piedad por tu insensato autodesprecio. Ni siquiera hay un rinconcito en tu monstruoso corazón de máquina para que florezca la flor bella, la flor inútil de la Poesía.

* * *

Y así... tu belleza me daba el gusto amargo de la muerte. Tu desprecio en vez de anonadarme me infundía coraje y una terrible fuerza para conquistar los cielos, los mares y los amores imposibles, y a mí mismo que estaba muerto en la nada.

A pesar de ti, te debo lo que soy, pues no sería nada si no hubiera nacido bajo tu cielo. Tu tradición me predestinó desde siempre a la rebeldía. La demencia de tu producción me arrojó en los hornos de la pasión creadora y la contemplación.

He sabido estimarme en la medida en que me despreciabas. Abracé la soledad porque me arrojaste de tus templos, tus fábricas y tus cementerios donde no daba la medida de la muerte. Me cerraste todas las puertas y me quedé fuera de ti, sin ti, y me obligaste a mirar hacia lo alto y hacia el fondo, a mi alma y al cielo.

En tus calles besé el rostro amargo del fracaso. Te suplicaba en silencio en tus noches de eterna belleza, pero no entendías mi lenguaje de oración. Había que enternecerte a martillazos, hacerte razonable a golpes de sacrificio: cabeza dura de cemento, alma de caldera, arterias de hierro galvanizado que alimentan de aceite tu corazón. No de sangre, y por eso eres más insensible que un zapato.

Tu desalmada indiferencia me obligó a vencer mis feroces enemigos: esos fantasmas interiores que crucificaban mi carne joven con fieros clavos de autodestrucción. Yo chillaba de dolor silencioso en el mismo corazón de tu desprecio.

Lo que más me atormentaba era un áspero deseo de suicidio que intenté con horribles venenos entre tus petulantes rascacielos, o en la sordidez de tus burdeles donde me consagraba a horrendas orgías con ancianas, mendigas harapientas y niñitas rameras que podían ser mis hijas.

Pero fue inútil, yo soy alma difícil de crucificar. Veinte años antes me habías hecho heroico cuando de niño asaltaba tus montañas acosado por el hambre. Con las primeras guayabas que te robé me hiciste invencible y poeta de la rebelión.

* * *

¿Recuerdas el susto que me diste aquella tarde cuando enviaste tus policías a la verde y desolada colina donde la estatua del Salvador abraza la ciudad?

Yacíamos de cara al sol de la tarde mi amiga y yo, modestamente abrazados leyendo un libro de poemas. Nos apuntas con un revólver asesino porque según tu moral eso era pecado, o sea, estar allí solos y benditos de cara al cielo azul. Te empeñabas en que éramos dos delincuentes por estar allí “profanando” la estatua de yeso de nuestro querido Señor Jesucristo. Pero no se te ocurre que el amor entre dos seres vivos es la cosa más santa que hizo Dios. Y además, era falso lo que estabas pensando, pues estábamos muy puros leyendo a Walt Whitman esperando que cayera la noche para meternos a un montecito a... Bueno, eso a ti no te importa, vieja chismosa.

Te empeñaste en inventarnos un crimen para meternos en la cárcel, lo que intentaste hacer si yo no te hubiera sobornado con mi recordada estilográfica Parker para que no cometieras esa burrada con mi compañerita que estaba llorando de dolor, sintiéndose una horrible prostituta dentro del sombrío ataúd rodante donde nos embutiste como un par de tenebrosos criminales.

Nunca te perdonaré aquellas lágrimas, Medellín malo, pues mataste en el amor de mi niña la inocencia animal de su cuerpo...

Y como eres una beata farisea y retenida, nos niegas hasta la felicidad barata de esa cama verde tendida por Dios para sus pobres amantes que por decencia no pueden ir a los burdeles donde bendices la degradación de las almas, y hasta expides carnets para legalizar el envilecimiento del amor.

Tu morbosa imaginación no puede concebir dos seres puros hijos del sol, o de la noche, porque los condenas con tu diabólica moral redactada por inquisidores prostáticos.

Francamente, Medellín, eres peligrosa. Eres como el diablo para comprarle las almas, con la diferencia de que tú no las condenas al Infierno, sino al No-ser.

No te enojes, mi querida, te amo más de lo que crees, pues al fin tú me has hecho posible. A ti, que no me has dado nada, salvo soledad y un poco de dura miseria, te debo la riqueza infinita y humilde de mi ser, que no cambio por todo el oro de tus bancos comerciales.

Después de todo, eres milagrosa. Haces posible lo imposible: hasta eres capaz de producir un loco idealista como yo. ¡Bendita seas!

Tu incomprensión ha creado en mí un hombre nuevo, distinto a los hombres que produces en serie como si fueran bultos de tela, muertos, o botellas de ron.

En ese desamparo me hice fuerte para la lucha, y te negué el homenaje de mis bodas con la muerte y la resignación. Y además, te debo gratitud, porque esa tu manera de parir “monstruos” me regaló un santo que fue mi maestro Fernando González. Te vuelvo a bendecir por él, a quien tanto hiciste sufrir, y tanto te amó.

* * *

Todo es calmo esta noche de una manera dulce, sin furor. El cielo se derrama en una brisa de estrellas. Esta luz esparce beatitud por el inmenso Valle de Aburrá. En lo más claro del cielo se dibuja un elefante con alas que son enormes plumas de nubes. Semeja un ángel en reposo, en pausa para elevar el vuelo al fondo más azul de la noche. Luego se desintegra en una constelación de luces. Creo que estoy borracho.

En un sitio no lejos de este monte, una mujer duerme su sueño puro. ¿O será desesperado? A esa mujer la amé hace años. Aún oigo sus canciones de amor, su voz excitante y carnal. Siento que el corazón es ingrato y acumula tumbas en la juventud que luego olvida. Al principio las riega de amor, de besos, de lágrimas, de flores. Y luego de indiferencia.

¿Qué será de esa mujer a la que antes había hecho el homenaje de mi vida, y ahora soy incapaz de rendirle el de un recuerdo, ni siquiera un deseo, ni nada que no sea este desgarramiento de indiferencia?

En la biblioteca, hermosa fiesta de silencios. Afuera todo calla, hasta mi corazón tumultuoso. En lo alto del cielo, todo se apacigua: el rumor de la ciudad, los sauces, el viento, mientras la noche cruza silenciosa sobre este universo puro y sin memoria. Mi corazón enamorado cesa de latir para que lo poseas con tu gloria, ¡oh cielo sagrado!

Puro dolor de dicha en esta noche desierta, sin amarte, sin teléfono para llamar a Dios, solo con mi soledad que no sabe dónde buscarte mi amor perdido, mi monja.

¡Oh, alma mía, qué amarga es la belleza!

* * *

Amanece.

Mi amigo se ofrece a bajarme en auto, pero me niego. El cielo estalla de estrellas, mil aromas, un canto salvaje de cigarras, el rocío. Un aire tibio se pega a mi piel como si fuera una amante.

Desciendo fumando cigarrillo, feliz con las manos en los bolsillos por una carretera solitaria donde se derrama la luz llena de la luna. No me inquieta el peligro.

Pero como siempre que estoy feliz sintiéndome predestinado, llegas a interrumpir mis éxtasis con la santa naturaleza, y me atropellas con un catafalco del que se baja un sargento muy categórico que me pide identidad.

Me pones “¡manos arriba!” y me requisas a ver si tengo puñales o armas asesinas, y me acorralas como a una rata. Entonces te enseño una cédula donde quedé con cara de delincuente común, lo cual fue mi perdición.

—¿Qué hace a esta hora por la carretera? —preguntas.

—Nada —te digo—, paseo... existo...

Era la pura verdad. ¿Qué mas podía decirte?

—Ja..., ja, ¿oyeron a este imbécil? Dice que existe, ja ja ja.

¿No ves? Te burlas porque existo, porque soy poeta, y me declaras culpable una vez más porque no estoy fabricando trapos, ni durmiendo “como todo el mundo”. Entonces me empujas a tu asquerosa ambulancia y me depositas en un hediondo calabozo lleno de estiércol y marihuaneros.

Desgraciadamente esa noche no tenía siquiera cigarrillos para conquistarte, para proponerte un “negocito”, que es el único lenguaje que te conmueve.

A cualquier precio querías hacer de mí un delincuente, y en verdad no me explico por qué no lo soy, si hasta me dejaste el estigma de un horrible complejo de culpa. Mi atormentada cara de poeta sufriente fue siempre para ti un delito.

Mi hermano Jaime madruga a pagar mi rescate, lo cual hace con inmensa piedad, y de paso me regala un sermón marca Made in Medellín, y un paquete de cigarrillos.

Para justificarme, le digo a la salida: “Oye, compañero, te juro que soy inocente, lo que pasa es que tengo cara de poeta maldito”.

* * *

Aquella mañana de expresidiario reincidente fui a tu plaza de mercado a comer naranjas, y una vez más soy feliz a pesar de mis desventuras, y adoro tus contrastes. ¡Qué bello, puro y viril es tu pueblo antioqueño!

Imagínate que un culebrero nos reúne en torno a sus cacharros, y nos dice que “algunos del respetable público” estamos condenados. Promete sacarnos el diablo del cuerpo con una pomada milagrosa por la módica suma de un peso. Eleva un brazo peludo de predicador y exclama:

¡No tengan miedo, mis hermanos... Yo no les voy a robar... Este brazo es antioqueño y honrado, sólo lo uso para acariciar la ninfa y dominar el oso!

Pues sí, estuve a punto de abrazar a ese culebrero sucio y fornido, ¿sabes por qué, Medellín? Porque eres capaz de inspirar a un estafador la frase que habría hecho inmortal a don Miguel de Cervantes.

Sobra decir que el filósofo ateo Gonzalo Arango fue el primero en comprar la cajita de pomada milagrosa para sacarse el diablo del cuerpo. Pero sin esperanzas de mejoría, pues cada vez que me la unto, mi novia dice: “¡Amor mío, hueles a diablo!”.

Gonzalo Arango

Fuente:

Arango, Gonzalo. Obra negra. Fondo Editorial Universidad Eafit, colección Biblioteca Gonzalo Arango, Medellín, 2016, pp. 158-167.




Cartagena en mí

Poema de Hernán Urbina escrito en enero de 2000.

Surcaba por dentro la viajera espuma
de tu mar
en mi palpitar tu historia
heroica.
Por eso este arribo
aunque definitivo
no es un regresar.

Manga
nostalgia
de casas
en los años ochenta
que mi mente están intactas.

Crespo
alegría del que llega
pesar de quien parte de nuevo.
Déjame decirlo desde aquí a toda la ciudad:
No saldré más nunca de tu puerto.

Por las murallas
que cierra tu reloj
no habrá otro como yo
conquistador
con un paso
más cansado
que al fin encontró
frente a tus aguas
solaz en el alma
y amor.

Bocagrande. Romántica.
Tu bahía aún hoy
sigue con la forma exacta
como hace milenios el Sol te besó.

Cartagena de Indias. También desconsuelo.
Sufrimientos
abiertos
de siglos. Pueblo
que sueña
que el olvido lacera
y otra vez fantasea
en el desdén que desvela.

Me fundo a tus olas
Renazco en tus orillas y allí me siento
para seguir diciendo, diciendo
mis versos, auroras
del vivir aquí en tu suelo.

¡Qué mi vida
te bendiga!
¡Qué te hagan cantar
mis rimas!
Hago mías
tus alegrías
tu sufrir.
Cartagena desde ahora 

y para siempre, 

siempre en mí.

                                                                                                   

Cartagena de Indias, 11 de enero de 2000.



SAN JUAN DE PASTO

San Juan de Pasto

 

San Juan de Pasto, 

donde el sol besa las montañas 

con labios de oro y cobre, 

y el viento, antiguo cantor, 

susurra historias de antaño 

en cada rincón.

 

Nosotros, caminando de la mano 

por sus calles, 

sombras suaves navegando  

entre aromas de maíz tostado 

y café recién molido.

 

Tus ojos, 

la iglesia de San Juan Bautista, 

tu sonrisa, 

la danza eterna del Carnaval, 

donde el pueblo se sumerge 

en un mar de colores y músicas ancestrales,

tu figura a contraluz.

 

Los dos,  

extraviados en la vastedad 

del mercado el Potrerillo, 

sabores de ají y frescura de aguacate, 

evocando la riqueza 

de esta tierra fértil y generosa.

 

Bajo el cielo pastuso, 

nos encontramos a nosotros mismos, 

en cada mirada compartida, 

en cada gesto que susurra 

la bienvenida cálida y eterna 

de la ciudad que nos acoge.

 

El volcán Galeras, 

vigilante mudo y eterno, 

nos contempla desde la lejanía, 

mientras susurros de leyendas 

se entrelazan con nuestros pasos, 

llenando el aire de misterio y poesía.

 

San Juan de Pasto, 

ciudad de encuentros y despedidas, 

de risas y lágrimas, 

donde nuestras almas se enredan 

como raíces de árboles milenarios, 

firmes y profundas.

 

En este rincón del mundo, 

nosotros dos hemos hallado 

un refugio, un hogar, 

donde el pasado y el presente 

se funden en un abrazo eterno, 

y el futuro se dibuja 

con los colores de nuestros sueños.


Jorge Alberto Narváez Ceballos.





Lima de Antaño por Antonio Encinas Carranza

Protegida por el San Cristóbal.

Es la antigua Lima Virreinal.

Hermosa Ciudad Jardín actual.

La que tiene un pasado señorial.

Con raíces del inca imperial.

 

Limaq te llamaron

Antes de tu segunda fundación.

Siempre estuviste al lado

Y rozándote las costillas

Al río que murmura.

Río Rímac lo bautizaron.

 

Los chimes de las limeñas,

Las arrastran tus aguas cantarinas.

Limeñas garbosas que cruzaban

El puente aquel que lleva

Al barrio de Abajo el Puente.

 

Donde la belleza de la Micaela

Se reflejó en el espejo

Del hermoso Paseo de Aguas.

Vecino de la Alameda.

 

Lima y el Rímac

Se mezclan con el aroma

Del clavo y la canela,

Del sanguito limeño,

y del turrón de la doña Pepa.

 

Es el sabor de la Lima antigua

y el aroma a humedad 

por tu cercanía 

al mar que te acompaña

desde los albores de la

creación.

 

Aún conservas tus aires 

de la bella ciudad engreída.

te conservas llena de cultura

de música y marinera

y de tu sabrosa gastronomía.

 

Antonio Encinas Carranza 

sábado, 13 de agosto de 2016

LA PAZ NO TIENE PAZ por Luis Flores Berrío y Cambalache...



LA PAZ NO TIENE PAZ

La paz no tiene paz, nació cansada,
Creció enfermiza y navegó en la sombra,
Dios que la quiso tanto no la nombra
Y en sus milagros la dejo olvidada.

Todos la piden blanca y es morena....
Desconoce la voz de los pastores;
No ha podido apoyarse en los amores
Ni desprenderse de su propia pena.


La paz ni en los ministros parroquiales
Con su bíblico símil de paloma;
La paz ni en la penumbra que se asoma
Callara sus lamentos desiguales.

No la tiene el poeta ni el gitano,
Ni el mago ni el monarca ni el coloso;
Ni siquiera la tiene el perezoso...
O el enfermo... o el triste... o el profano.



¿Qué ha sido nuestra paz...?
¡Puerto sitiado!barandal de impresión, 
fragmento raro, trapecio de crueldad,
costa sin faro y efímero capricho desvirtuado!

La paz en su desplante de querella,
Fingiose catedral de fantasía;
Y el hombre dios que de la paz venia
Nació sin paz y falleció sin ella.








Cambalache es una canción que en su momento fue prohibida en su país, ahora  nos ilustra un poco un espíritu que nos caracteriza como colombiano. Es valido hacer algunas re-lecturas como la pregunta ya clásica  del escritor William Ospina: ¿Donde está la franja amarilla? Otro texto que no hemos leído: Colombia al filo de la Oportunidad del que ya he hablado en varias ocasiones. Por ahora cantemos:


El mundo fue y sera una porquería
ya lo se
En el quinientos seis
y en el dos mil también

Que siempre ha habido chorros
maquiavelos y estafaos
contentos y amargaos
valores y duble

Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quien lo niegue

Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseados

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor
Ignorante sabio o chorro
generoso o estafador

Todo es igual
nada es mejor
lo mismo un burro
que un gran profesor

No hay aplazaos
ni escalafon
los inmorales
nos han igualao

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición
da lo mismo que sea cura
colchonero rey de bastos
caradura o polizón

Que falta de respeto
que atropellaba la razón
cualquiera es un señor
cualquiera es un ladrón

Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignon"
Don Chicho y Napoleón
Carnera y San Martín

Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida

Y herida por un sable
sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un bandoneon

Siglo veinte cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no roba es un gil

Dale que va
dale nomas
que allá en le horno
nos vamo a encontrar

No pienses mas
sentate a un lao
que a nadie importa
si naciste honrao

Es lo mismo el que trabaja
noche y día como un buey
que el que vive de los otros
que el que mata que el que cura
o esta fuera de la ley
Fuente: musica.com
Letra añadida por percantero








Constelaciones / José María Rivas Groot 
 
 
El Hombre
Amplias constelaciones que fulguráis tan lejos,
mirando hacia la tierra desde la comba altura,
¿por qué vuestras miradas de pálidos reflejos
tan llenas de tristeza, tan llenas de dulzura?
Las Constelaciones
¡Oh soñador, escúchanos! ¡Escúchanos, poeta!
Escucha tú, que en noches de oscuridad tranquila
nos llamas, mientras tiemblan con ansiedad secreta
la súplica en tu labio y el llanto en tu pupila.
Escucha tú, poeta, que en noches estrelladas
cual bajo augusto templo descubres tu cabeza,
y nos imploras, viendo que están nuestras miradas
tan llenas de dulzura, tan llenas de tristeza.
¿Por qué tan tristes? Oye: nuestro fulgor es triste
porque ha mirado al hombre. Su mente y nuestra lumbre
hermanas son. Por siglos de compasión, existe
en astros como en almas la misma pesadumbre.
Por siglos hemos visto la Humanidad errante
luchar, caer, alzarse... y en sus anhelos vanos
volver hacia nosotras la vista suplicante,
tender hacia nosotras las temblorosas manos;
y ansiar en tal desierto, ya lánguida, ya fuerte,
oasis donde salten aguas de vida eterna;
ya llega, llama -y sale con su ánfora la muerte
brindando el agua muda de su glacial cisterna.
Tronos, imperios, razas, vimos trocarse en lodo:
vimos volar en polvo babélicas ciudades.
Todo lo barre un viento de destrucción, y todo
es humo, y sueño, y nada... y todo vanidades.
Es triste ver la lucha del terrenal proscrito;
es triste ver el ansia que sin cesar le abrasa;
el ideal anhela, requiere lo infinito,
crece, combate, agítase, llora, declina y pasa.
Es triste ver al hombre, que lumbre y lodo encierra,
mirarnos desde abajo con infinito anhelo;
tocada la sandalia con polvo de la tierra,
tocada la pupila con resplandor del cielo.
Poeta, no nos llames -conduele tu lamento;
poeta, no nos mires- nos duele tu mirada.
Tus súplicas, poeta, dispérsanse en el viento;
tus ojos, ¡oh poeta! se pierden en la nada.
Con íntima tristeza miramos conmovidas,
con íntima dulzura miramos pesarosas,
nosotras -las eternas- vuestras caducas vidas,
nosotras -las radiantes- vuestras oscuras fosas.
El Hombre
¿Todo es olvido y muerte? Pasan gimiendo a solas
el mar con sus olajes, la tierra con sus hombres;
¿y al fin en mudas playas deshácense las olas,
y al fin en mudo olvido deshácense los nombres?
¿Y nada queda? ¿Y nada hacia lo eterno sube?
Decid, astros presentes a todo sufrimiento:
la ola evaporada forma un cendal de nube,
¿y el alma agonizante no asciende al firmamento?
¡No, estrellas compasivas! Hay eco a todo canto;
al decaer los pétalos, espárcese el perfume;
y como incienso humano que abrasa un fuego santo,
al cielo va el espíritu, si el cuerpo se consume.
Vendrá noche de siglos a todo cuanto existe;
y expirarán, en medio de hielos y amargura,
los últimos dos hombres sobre una roca triste,
las últimas dos olas sobre una playa oscura.
Y moriréis ¡oh estrellas! en el postrero día...
Mas flotarán espíritus con triunfadoras palmas;
y alumbrarán entonces la eternidad sombría,
sobre cenizas de astros, constelaciones de almas.

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Un poema para pensar decisiones




LA PAZ NO TIENE PAZ

por LUIS FLOREZ BERRIO




La paz no tiene paz, nació cansada,
Creció enfermiza y navegó en la sombra,
Dios que la quiso tanto no la nombra
Y en sus milagros la dejo olvidada.


Todos la piden blanca y es morena....
Desconoce la voz de los pastores;
No ha podido apoyarse en los amores
Ni desprenderse de su propia pena.




La paz ni en los ministros parroquiales
Con su bíblico símil de paloma;
La paz ni en la penumbra que se asoma
Callara sus lamentos desiguales.



No la tiene el poeta ni el gitano,
Ni el mago ni el monarca ni el coloso;
Ni siquiera la tiene el perezoso...
O el enfermo... o el triste... o el profano.





¿Qué ha sido nuestra paz...?
¡Puerto sitiado!barandal de impresión, 
fragmento raro, trapecio de crueldad,
costa sin faro y efímero capricho desvirtuado!





La paz en su desplante de querella,
Fingiose catedral de fantasía;
Y el hombre dios que de la paz venia
Nació sin paz y falleció sin ella.




Cambalache es una canción que en su momento fue prohibida en su país, ahora  nos ilustra un poco un espíritu que nos caracteriza como colombiano. Es valido hacer algunas re-lecturas como la pregunta ya clásica  del escritor William Ospina: ¿Donde está la franja amarilla? Otro texto que no hemos leído: Colombia al filo de la Oportunidad del que ya he hablado en varias ocasiones. Por ahora cantemos:


El mundo fue y sera una porquería
ya lo se
En el quinientos seis
y en el dos mil también

Que siempre ha habido chorros
maquiavelos y estafaos
contentos y amargaos
valores y duble

Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quien lo niegue

Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseados

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor
Ignorante sabio o chorro
generoso o estafador

Todo es igual
nada es mejor
lo mismo un burro
que un gran profesor

No hay aplazaos
ni escalafon
los inmorales
nos han igualao

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición
da lo mismo que sea cura
colchonero rey de bastos
caradura o polizón

Que falta de respeto
que atropellaba la razón
cualquiera es un señor
cualquiera es un ladrón

Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignon"
Don Chicho y Napoleón
Carnera y San Martín

Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida

Y herida por un sable
sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un bandoneon

Siglo veinte cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no roba es un gil

Dale que va
dale nomas
que allá en le horno
nos vamo a encontrar

No pienses mas
sentate a un lao
que a nadie importa
si naciste honrao

Es lo mismo el que trabaja
noche y día como un buey
que el que vive de los otros
que el que mata que el que cura
o esta fuera de la ley
Fuente: musica.com
Letra añadida por percantero


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jueves, 4 de agosto de 2016

Casanare hacia la gestión del conocimiento: "Nunca acabaremos de formarnos"

DESDE LA UNIVERSIDAD PARA CASANARE


Por LUIS EMIRO ÁLVAREZ
Bibliotecólogo UdeA - Tarjeta Profesional 670 del Colegio Nacional de Bibliotecología
Texto redactado en septiembre del 2014 y editado en agosto del 2016


 “Justo cuando me supe las respuestas de la vida, me cambiaron las preguntas” dijo Mafalda. Esta afirmación  agencia la motivación más breve y más profunda para convivir en la actualidad, condensa y  simboliza las rutas del futuro; un futuro inmediato, a la vuelta de la esquina para el aprendizaje y el des-aprendizaje. Asuntos tratados en los engranajes que propician la inter-disciplinariedad y la inter-institucionalidad como la ecología y la ética a escala planetaria cuyos escenarios cuentan con una cuna propia: la biblioteca de todos los tiempos. Allí el lector encuentra  las herramientas de acceso a la información y al conocimiento, a través de la lectura y la escritura para la tarea, siempre inconclusa, de la constitución de unas ciudadanías alfabetizadas, comprometidas y en construcción permanente de  naciones. Es el escenario para hacer efectivo el derecho a la información e, incentivar la motivación hacia una convivencia  donde se comprenden y aplican las lógicas de la contribución, la equidad y el bien común. Lógicas cambiantes como las costumbres y sus nuevas miradas.



Dice Edgar Morin en los Siete Saberes necesarios para la Educación del Futuro“La educación debe dedicarse a la identificación de los orígenes de errores, de ilusiones y de cegueras” Se refiere a las cegueras paradigmáticas que impiden la constitución de una sociedad solidaria, equitativa, que emprenda sus  rutas en aras del bienestar de las poblaciones en función de los recursos disponibles   y en la línea de valores equitativos y justos con los cuales sueña cualquiera democracia desde todos  los tiempos, antes y después de la ilustración.





La educación autodidacta vuelve a tomar fuerza en los tiempos de las TIC‟s.  Esa pericia autodidacta como la define  William  Herschel,  uno de sus fieles: la práctica autodidacta es “trabajar con la dedicación de un monje, el horario de un búho y la paciencia de una madre”  le abre un abanico con innumerable  opciones al lector del siglo XXI. Para Ramón Salaberria, “La Web 2.0 genera nuevas profesiones autodidactas: gestor de comunidades, experto en usabilidad (sector con considerable presencia de personas con formación autodidacta), diseñador de nuevos entornos, expertos en posicionamiento en buscadores, blogueros, moderadores de video juegos, especialistas en marketing virtual…existen muchos autodidactas en este ramo, y todos saben que “nunca acabaremos de formarnos”i.  La investigación y la educación continuada requieren de espacios bibliotecarios eficientes donde la articulación sea una apuesta interesante y decidida por los ciudadanos de Yopal. Pensar el desarrollo social pasa a ser una prioridad interinstitucional e interdisciplinaria, donde se suman prácticas y esfuerzos, planes y ejecuciones, compromisos institucionales y apuestas de  patria. El punto de partida bibliotecario es, entonces, la intención de propiciar las vías de acceso a la información y al conocimiento a toda la ciudadanía, desde la élite que en últimas toma las decisiones hasta el ciudadano de a pie que considera, acata, padece o desconoce dichas decisiones, pero que en últimas paulatinamente, entre todos,  se hace Nación. 



JUSTIFICACIÓN  Y  ANTECEDENTES:

Un sueño histórico de las comunidades casanareñas, desde 1991 es la real participación ciudadana en la toma de decisiones que generen los medios para resolver los  problemas sociales, que parecían no tener solución. Se requiere en consonancia de escenarios que propicien ambientes de aprendizajes significativos para que dicha participación sea una realidad y que la población recupere la credibilidad en la institucionalidad, es decir, “un ethos cultural que lleve a la generación de renovadas capacidades intelectuales y organizativas de los ciudadanos colombianos, que les permita adquirir y desarrollar habilidades  y conocimientos fundamentales para el desarrollo de nuevos haberes propios de la sociedad de la información y del conocimiento y que está caracterizando fuertemente al siglo XXI”ii.  La articulación es una herramienta de la planificación para la gestión pública, en la línea de la dimensión política en su rol técnico, hacia el horizonte de sus deberes y derechos, al orientar  la constitución del  sujeto social inteligente para la convivencia y la  construcción de la Nación; que llegue a las comunidades de modo pertinente y efectivo.


 Se busca con esta reflexión visibilizar  las lógicas administrativas en pro de concretar una esperanza casanareña: la biblioteca pública de Casanare. Ésta, una región históricamente pujante en el contexto nacional, mira de frente su futuro cuando asume con entereza la consolidación de servicios bibliotecarios para que eleven el nivel profesional de su inteligencia competitiva en los entornos de la globalización y la localidad:  una pulsión a la cual la institucionalidad estatal  da respuestas concretas desde la formulación hasta la ejecución y evaluación de políticas educativas, culturales, sociales, comunicativas,  de y para propiciar espacios públicos para el fomento de un equilibrado debate y discernimiento de las realidades que los individuos como sujetos sociales,  comprometidos, cuya actuación les evidencie sus deberes y sus derechos como ciudadanos partícipes y no asistenciales; posesionarse en roles tales como:




  •  contribuyentes
  • consumidores
  • electores
  • vecinos
  • agentes culturales dinámicos convencidos de su sentido de pertenencia y 
  • de una cultura política que les permite una incidencia social coherente con los actuales desafíos demográficos y 
  • en aras de una equidad que responda a una ética planetaria. 



Racionalizar el recurso bibliotecario empieza porque el ciudadano de a pie comprenda los alcances y limitaciones de la inversión  pública. Para este ejercicio de articulación será pertinente cotejar las prácticas  y las lógicas burocráticas y administrativas en torno a la  Norma ISO 11620  que indica el 0.5% del presupuesto de la universidad como rubro correspondiente al desarrollo de los servicios bibliotecarios universitarios y en contraste con los parámetros fiscales y legales de organismos como la UNESCO y la IFLA frente a los servicios bibliotecarios públicos en los escenarios internacionales y en Colombia con la Ley 1379 de 2010. Un primer punto de partida será contar los  antecedentes en Casanare en torno a unos servicios bibliotecarios fundamentales para  la ciudadanía de Yopal y de Casanare.   



Le anteceden la antigua biblioteca escolar en las instalaciones de la Institución Educativa Braulio González, antigua sede. Luego,  esta colección pasa a manos de COMFACASANARE y habilitan una pequeña biblioteca en dos aulas adaptadas para ofrecer los  servicios bibliotecarios, instalados en la calle 27 entre carreras 22 y 23.  Faltan datos que deben recogerse en Se construye durante la administración municipal 2007-2010
el complejo educativo y cultural LA TRIADA que aglutina laboratorios de química y física, auditorios  y bibliotecas para las instituciones educativas aledañas. Con un escaso personal y un bajo perfil en su capacitación específica en bibliotecología y gestión del conocimiento inicia  servicios en el 2011.  Paulatinamente ha ganado presencia entre las comunidades educativas pero sin resolver las necesidades de formación ciudadana, misión especifica de la biblioteca pública en el contexto contemporáneo.   Desde el 2006 se inicia la construcción de la Biblioteca Departamental de Casanare en las instalaciones de la Ciudadela Universitaria UNITROPICO; construcción a punto de concluir a la fecha. Las  administraciones departamentales  aúnan esfuerzos y voluntades políticas para darle continuidad efectiva a dicho objetivo desde el 2014.



 NOTAS


i Salaberria, Ramón. Autodidactas en bibliotecas.  Girón (Asturias-España): Editorial Trea; SEDIC, 2010  pp. 34-35  

ii Herrera Cortés, Rocío y Rendón Giraldo, Nora Elena. Hacia una formación de usuarios de la información en entorno locales. En: Revista Interamericana de  Bibliotecología. Versión On-line 2008 p.11

iii Ardila Reyes, Flor Alba. La biblioteca universitaria en cifras y el camino y el camino hacia la calidad de la educación superior: reflexión desde Colombia.   Segundo Taller de Indicadores de Evaluación de Bibliotecas. Buenos Aires, Universidad Nacional de La Plata (junio 27-28) 2011  En: http://tieb.fahce.unlp.edu.ar/ (consulta 22 de 2014)

iv CASANARE 2002: Construyendo Conocimiento para el Desarrollo Regional.  Plan Estratégico Departamental de Ciencia, tecnología e innovación – PEDCTI. Por Cristian Fabián Ruíz Ramos y otros. Bogotá: Observatorio de Ciencia y Tecnología,  2012  -  278p.

Tomado de:
ARTICULACIÓN DE LOS SERVICIOS BIBLIOTECARIOS PÚBLICOS Y UNIVERSITARIOS – HACIA SU VIABILIDAD / Redactado por Luis Emiro Álvarez  para la Fundación Universitaria Internacional del Trópico Americano - Unitrópico entre los meses de  septiembre – octubre 2014. Esta reflexión se edita para el blog FE DE ERRATAS: boletín biblioteca Unitrópico el 12 de agosto de 2016 por el autor.

Cuentistas colombianos que nos narran el devenir

EL CABALLO DEL VIENTO Y LA MUCHACHA DESNUDA
Milcíades Arévalo
Un sueño es una escritura, y hay muchas
escrituras que sólo son sueños.
Umberto Eco
El día que leí mi primer  poema comenzó mi desgracia.
Si bien es cierto  que ya había leído a Blake y a los poetas judíos de Toledo, todavía no era capaz de confundir a  la congregación con poemas de este tenor: Ecia vlume veldé, eninoc qu, que en idioma vulgar no  era otra cosa que una letanía de amor. Tal vez por eso y sólo por eso, y también para castigarme contra las tentaciones de la poesía, el prior del monasterio  me mandó a refrescar el magín al río.
No había terminado de saborear el agua, que a esa hora de la tarde era  de vidrio, vi a unas  muchachas bailando en la orilla opuesta al son de un laúd, tanto que no parecían lo que eran sino plantas ornamentales, flores, parte del paisaje -digo, es un decir-. ¡Oh, hermosas muchachas!
Para comprobar lo que veían mis ojos, presto me zambullí en lo más terrible de la corriente, luchando a brazo partido contra la muerte, desorientado como un pez en  extrañas aguas. A punto de saborear mi primer triunfo contra las tentaciones del demonio,  las muchachas comenzaron a gritar en coro: “¡Cuidado con las serpientes! ¡Cuidado con la fauna acuática! ¡Cuidado con lo que no ve!”, porque a decir verdad yo parecía un tronco a la deriva. Tan pronto hube llegado a la orilla opuesta sentí como un suspiro de agonías y caí de rodillas ante la más bella.
Ella se quedó mirándome como si acabara de encontrar la dicha,  para que las demás muchachas se murieran de envidia o se tiraran los pelos de pura rabia o se fueran a sus casas a morderse los labios  delante del espejo y  nos dejaran solos para besarnos de la manera más deliciosa
Después de muchas cabriolas y equilibrios, ella desenfundó mi sexito, duro y templadito como un puñal de acero y comenzó a cabalgar sobre mí cuerpo corriendo desbocada, descocada, vaiviniéndose, haciendo olas con su pelo, ¿qué podía hacer yo bajo su cuerpo de luna refulgente? –¡Válgame Dios!–. Ella no quería oírme, sólo huir hacia ninguna parte, sentadita sobre mi  puñal de tormento,  con el pelo al viento, sin zamarros ni espuelas de plata.
Cuando empezaron a sonar las campanas para la víspera,  ya no había nada más que hacer, ni caballo ni muchacha desnuda huyendo sobre el lomo del viento, sólo la mañana de un nuevo día temblando entre los árboles, vino el prior a buscarme. Al verme en tal estado, desnudo y hambriento, enredado entre las zarzas de mi propia desgracia, con el seso perdido de un miserable Lázaro, me preguntó qué había pasado conmigo.
Todo se lo conté. Sin embargo,  fue como si no me oyera. En volandas me trajo de regreso al monasterio y me puso a comer arañas en un rincón de  la biblioteca de la venerable congregación,  para que no olvidara jamás mis propósitos iniciáticos y pudiera dedicar mis horas de holganza a otros virtuosismos más doctos que el amor.
Desde entonces, héme aquí, tratando de olvidar todo lo acontecido a la orilla del río, en el sendero del bosque donde aún pastan  el caballo del viento y  la  muchacha desnuda.